Congreso de Laicos 2020 https://www.pueblodediosensalida.com Pueblo de Dios en salida Tue, 18 Feb 2020 09:36:10 +0000 es hourly 1 https://www.pueblodediosensalida.com/wp-content/uploads/2018/07/cropped-favicon-100x100.png Congreso de Laicos 2020 https://www.pueblodediosensalida.com 32 32 Eucaristía final presidida por el cardenal Ricardo Blázquez https://www.pueblodediosensalida.com/eucaristia-final-presidida-por-el-cardenal-ricardo-blazquez/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=eucaristia-final-presidida-por-el-cardenal-ricardo-blazquez Sun, 16 Feb 2020 12:36:12 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=243494   El Congreso de Laicos 2020 ha finalizado con una Eucaristía presidida por el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE. En su Homilía Blázquez ha enviado un mensaje inicial: «Somos enviados pero elegidos por Jesús. Él se fía de nosotros y nos confía el ministerio. No somos espontáneos, somos elegidos,...]]>

 

El Congreso de Laicos 2020 ha finalizado con una Eucaristía presidida por el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE.

En su Homilía Blázquez ha enviado un mensaje inicial: «Somos enviados pero elegidos por Jesús. Él se fía de nosotros y nos confía el ministerio. No somos espontáneos, somos elegidos, llamados y enviados» y ha destacado las palabras de San Pablo: «Cristo se fía de mí y me confió este ministerio y se de quién me he fiado »

Blázquez ha resaltado que la fe en Dios es fecunda en buenas obras: «La adoración de Dios conduce al servicio de los hombres. El encuentro con Dios nos impulsa a ayudar a los demás. La acogida del Padre Dios revelado en Jesucristo es fundamento de fraternidad», ha afirmado.

Además, el presidente de la CEE, ha puesto como eje central de la vida de las personas y la sociedad al matrimonio y la familia: «No podemos olvidar que de la familia unida y saludable depende la salud ética de la sociedad», ha resaltado. En esta línea, ha afirmado: » El adulterio comienza en el corazón. ¿ Por qué no nos detenemos a mirar con sinceridad y amor compasivo y esperanzado al matrimonio y la familia?».

En la actualidad, ha recordado, se multiplican las rupturas de los matrimonios y, por ende, de las familias: «Las rupturas llevan  llevan consigo el sufrimiento de los esposos, de los hijos  y de la sociedad», ha señalado. Por otra parte, ha señalado que la educación de los hijos depende del hogar porque este es el lugar dónde se aprenden las «grandes lecciones para la vida».

Por último, Blázquez ha concluido su Homilía con un resumen de lo que ha supuesto este encuentro: «Nos hemos sentido encantados en este Congreso por el ambiente que se ha respirado. Estamos probablemente, en el comienzo de una etapa preciosa y esperanzadora para nuestras Iglesias»

Para finalizar, el cardenal Blázquez ha realizado la oración de envío con la que ha concluido el encuentro: «Deseo que la gratitud, misión y esperanza sean tres palabras que diariamente en nuestra vida nos vayan nombrando las realidades fundamentales. Muchas gracias a todos».

 

Texto íntegro:

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Palabras de agradecimiento https://www.pueblodediosensalida.com/palabras-de-agradecimiento/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=palabras-de-agradecimiento Sun, 16 Feb 2020 12:35:59 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=242674 El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. Al finalizar la Eucaristía, la acción de gracias corrido a cargo de Pilar Rodríguez-Carretero Luna, miembro de la Comisión de Organización del Congreso. Ponencia íntegra Estamos concluyendo este Congreso de Laicos y la celebración de...]]>

El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. Al finalizar la Eucaristía, la acción de gracias corrido a cargo de Pilar Rodríguez-Carretero Luna, miembro de la Comisión de Organización del Congreso.

Ponencia íntegra

Estamos concluyendo este Congreso de Laicos y la celebración de la Eucaristía, la gran acción de gracias a Dios porque el gran don que nos ha revelado en su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado. A su luz queremos elevar nuestra acción de gracias al Señor, por este proceso y encuentro sinodal que hemos vivido en nuestras Diócesis, movimientos y asociaciones  durante este año y medio. Un hecho que impulsa el compromiso de ser “Pueblo de Dios en Salida”

Bajo la guía del Espíritu Santo, hemos realizado un camino tejido de escucha y discernimiento comunitario que ha alcanzado una mayor intensidad este encuentro, promesa de una misión tendrá su continuidad en nuestras Diócesis, movimientos y asociaciones. Nuestro Congreso ha sido expresión de la Iglesia que hemos sido, somos y deseamos llegar a ser: Pueblo de Dios que redescubre continuamente su vocación a la santidad y a la misión evangelizadora.

Es de bien nacidos ser agradecidos. Por eso en nombre de la Comisión Ejecutiva del Congreso de Laicos, quiero expresar la gratitud a nuestros Pastores que han puesto en nuestras manos la realización de este Congreso que han convocado. Comisión a la que ha correspondido coordinar todos los trabajos de la preparación del Congreso; y tomar decisiones desde el diálogo fructífero con nuestros Pastores, laicos y miembros de la vida consagrada.

Gracias a los Delegados Diocesanos de Apostolado Seglar y los Responsables de Movimientos y Asociaciones, junto con nuestros Pastores, porque desde el principio han creído en esta propuesta, la han animado e impulsado en sus respectivos ámbitos eclesiales. Gratitud, especialmente intensa a la labor de todos los laicos que se han involucrado en el proceso, en los grupos de reflexión, en los Encuentros Diocesanos de Laicos, los que han mandado aportaciones para elaborar el Instrumento de Trabajo, porque todos esos pequeños granos de arena han hecho realidad este Congreso.

Queremos agradecer también el esfuerzo y la disponibilidad de las personas que han participado en los equipos de la ponencia inicial y final, los profesores que han elaborado las ponencias introductorias de cada Itinerario y la gran variedad de personas que han compartido el sábado sus experiencias y testimonios, manifestación de la riqueza, pluralidad y vitalidad que posee nuestra Iglesia.

No olvidamos tampoco a las personas y entidades que han contribuido a la difusión del Congreso, a través de los diversos medios de comunicación. Gracias a los equipos de medios de la CEE y diocesanos, emisoras de radio y televisión que se han hecho eco de este evento, revistas de ámbito eclesial, responsables de redes sociales. De forma particular nuestro agradecimiento a 13TV que ha llevado a tantas personas, especialmente a los enfermos y mayores, las imágenes y noticias de este acontecimiento.

También deseamos reconocer el servicio que nos ha prestado el Ayuntamiento de Madrid, editoriales, empresas y otras entidades que han colaborado en la logística de este evento.

Y he dejado para el final el agradecimiento a los que han llevado el peso de este Congreso y que se merecen un gracias con mayúsculas. Se trata de los miembros de las Comisiones de Contenido y de Organización y Logística, con sus responsables a la cabeza. En los últimos meses y días, estas personas han estado entregadas al Congreso en cuerpo y alma. Ha sido admirable y digno de elogio la disponibilidad de los laicos de estas dos Comisiones. Y su testimonio de entrega abnegada a la Iglesia es un ejemplo real de lo que significa vivir la vocación laical.

Gracias al trabajo de muchas horas, un trabajo escondido, pensado y ofrecido para todos nosotros, hemos podido disfrutar de este Congreso con alegría y con esperanza.

Se afirma que el agradecimiento es la memoria del corazón. Por eso, aunque no hemos querido mencionar ningún nombre concreto, que nuestro agradecimiento a todas estas personas lo grabemos en el corazón. Dios conoce todo este esfuerzo y le pedimos a Él y a nuestra Madre, la Virgen María, que premie esta tarea y testimonio de entrega desinteresada.

A todos y cada uno, GRACIAS!!!!

 

 

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Presentación del libro “Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días” https://www.pueblodediosensalida.com/presentacion-del-libro-magisterio-de-la-iglesia-sobre-apostolado-seglar-del-vaticano-ii-hasta-nuestros-dias/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=presentacion-del-libro-magisterio-de-la-iglesia-sobre-apostolado-seglar-del-vaticano-ii-hasta-nuestros-dias Sun, 16 Feb 2020 12:30:13 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=241562 El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. El primero ha sido la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar....]]>

El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. El primero ha sido la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar.

Presentación del libro “Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días”

Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, ha sido el encargado de hacer la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, un documento que recoge todos los textos desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días. Está editado por la editorial de la CEE, se puede adquirir en el stand y en un futuro se podrá pedir.

“La presentación se hace en este momento porque de lo que trata es del magisterio rico de lo que poseemos hasta ahora”, ha afirmado Romero, quien también ha dicho que “la elaboración de este libro me parece una intuición magnífica”.

“El libro que presentamos no solo muestra todos estos textos sino que se acompaña de una guía de lectura. Servirá para ampliar el dialogo que abre el Congreso”, ha asegurado. También ha revelado que la antología de estos textos del magisterio está acompañada de una presentación del presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de un epílogo del presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, quien propone impulsar la pastoral.

“Este libro va enriquecer lo que estamos viviendo en este Congreso”, ha asegurado Romero quien ha añadido que para él “ha sido un año y medio muy agotador, pero muy feliz”.

“El Congreso está siendo un ejercicio de manifestación de lo que nuestra Iglesia ha sido y es. Todo esto lo estamos haciendo mirando hacia el futuro. Queremos seguir construyendo la historia de una Iglesia que aspira a ser sinodal. Es una iglesia dominada por el Espíritu Santo”, ha dicho Romero. Sobre la ponencia final, ha comentado que “nos situará en clave de futuro, hacia dónde vamos”.

Por último, dio las gracias a todos los que han hecho posible esta reunión de laicos. “Este Congreso se ha hecho posible gracias a vosotros, gracias a los obispos, sacerdotes, vidas consagradas y en especial, a los laicos. Que Dios os premie este esfuerzo desinteresado”. “Como sacerdote nunca había vivido una experiencia como esta”, ha reconocido.

“Al entrar en este pabellón hemos podido ir hacia un renovado pentecostés. No es un eslogan, es nuestra meta, nuestro objetivo, ahí está nuestro futuro. La nueva evangelización o se hace con los laicos o no se hará. Casi 30 años después nos encontramos aquí. ‘Un renovado pentecostés o se hace con los laicos o no se hace’. Muchas gracias”, concluyó su intervención Luis Manuel Romero.

 

 

 

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Ponencia final https://www.pueblodediosensalida.com/ponencia-final-un-pentecostes-renovado-2/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=ponencia-final-un-pentecostes-renovado-2 Sun, 16 Feb 2020 12:28:09 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=243512 A las 10.00 horas dio comienzo la ponencia final. Un texto que fue terminado a lo largo de la pasada noche, a partir del trabajo de los congresistas del sábado. Los comunicadores fueron Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE TV. La ponencia final tuvo un doble objetivo: por...]]>

A las 10.00 horas dio comienzo la ponencia final. Un texto que fue terminado a lo largo de la pasada noche, a partir del trabajo de los congresistas del sábado. Los comunicadores fueron Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE TV.

La ponencia final tuvo un doble objetivo: por un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que han constituido el eje central del Congreso y por otro, ofrecer un escenario de futuro inmediato que permita profundizar en las prioridades que, en un ejercicio de sinodalidad, se han podido identificar durante este proceso.

La ponencia empezó con un breve recorrido por el pueblo de Dios. Se explicó que la Iglesia nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo: “este pueblo estaba formado por hombres y mujeres, cristianos que venían del judaísmo y cristianos que venían del paganismo, apóstoles y maestros, profetas y diáconos, pastores y fieles. Es un pueblo en salida por expreso mandato de Jesús resucitado. La Iglesia es Iglesia en salida y, por eso, en toda época la misión renueva a la Iglesia. En esencia la misión consiste en dar vida. ¿Quiénes forman parte de este pueblo misionero y santo? Hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios”.

Además, aseguraron que “los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios. También los laicos somos discípulos misioneros de Jesús. No somos una cosa o la otra, sino discípulos misioneros, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos. Somos discípulos misioneros: con la mirada puesta en Jesús, conscientes de nuestra propia vocación y con una vida entregada a los demás”.

Afirmaron también que “en estos meses hemos vivido una experiencia de sinodalidad. Sinodalidad es caminar juntos. La Iglesia sinodal, gracias al Espíritu Santo, cultiva relaciones, pone en valor la vocación de cada fiel, favorece los carismas y el sentir con la Iglesia, se caracteriza por la comunión. El proceso sinodal que hemos vivido ha estado caracterizado por: la escucha, el discernimiento y la corresponsabilidad y la participación”.

“En este Congreso estamos sembrando las semillas necesarias para renovarnos y dinamizar el laicado en España; al mismo tiempo, estamos cosechando ya los primeros frutos de los cuales saldrán nuevas semillas de sinodalidad. Para recorrer este camino necesitamos estar abiertos a la conversión pastoral y misionera, comunitaria y personal. La conversión pastoral y misionera exige la implicación de todos, cada uno desde su propia vocación. Finalmente, la conversión exige humildad. Solo podemos ser humildes si reconocemos que nunca estamos totalmente convertidos”, dijeron.

También se ha hablado de reconocer el valor y la importancia de la cultura: “la cultura que vivimos trae nuevas preguntas. El Sínodo sobre los jóvenes habló sobre algunos desafíos antropológicos y culturales a los que estamos llamados a enfrentarnos en nuestro tiempo. Necesitamos tomar conciencia de estos cambios para poder responder a los nuevos retos del tiempo y de la historia”. Y que en esta cultura la Iglesia sinodal quiere ser sal y luz: “hace tres años, en las aportaciones de los jóvenes españoles para el Sínodo sobre los jóvenes, éstos  soñaban con una Iglesia misericordiosa, acogedora, cercana y abierta al mundo de hoy y, sobre todo una Iglesia fiel a Jesús y su Evangelio. Para ello es importante: salir hasta las periferias, diálogo y encuentro, vivir desde la oración y los sacramentos, apertura a quienes buscan, cultivar las semillas del Verbo, cercanía a los pobres y a quienes sufren, anunciar el Evangelio y estar a gusto con el pueblo”.

Se ha insistido en la vocación como factor clave en la tarea de los laicos: “todos los cristianos estamos invitados a tener un papel activo en la Iglesia y en el mundo, cada uno según su propia vocación. La vocación es el regalo que Dios nos dona junto a la vida. Este pueblo ha sido bendecido con distintas vocaciones. No es extraño entender la vocación como camino de santidad, como fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestras comunidades, porque toda vida es misión. Hay una continuidad inseparable entre vocación, misión y santidad. La llamada a la santidad es una llamada a la entrega, a la donación y a la alegría misionera. Vocación y misión están inseparablemente unidas. No podemos olvidar nunca que la vocación y la misión nacen del Señor, de Él parte la iniciativa. La misión es del Señor, es Él quien llama y envía”.

“Aquí están los fundamentos de la misión compartida, tan importante en muchas congregaciones e institutos religiosos. La misión compartida va haciéndose realidad. Es una gran alegría constatar la presencia de tantos laicos comprometidos vocacionalmente en la misión. Nos necesitamos unos y otros, cada uno con su propia vocación, para llevar adelante la misión”, han añadido.

Se ha hablado también del protagonismo del laicado. “Este protagonismo –explican- brota del don de la vocación laical y se hace concreto en la responsabilidad que toda vocación conlleva. Cuando posibilitamos y ejercemos este protagonismo, desarrollamos la sinodalidad. Esta se hace efectiva cuando todos los miembros de la Iglesia ejercen su responsabilidad en ella, según la vocación recibida. La responsabilidad de unos está unida a la responsabilidades de otros. Por eso hablamos de corresponsabilidad, que es más que de responsabilidad, porque implica una responsabilidad compartida y ejercida complementariamente. En la Iglesia sinodal nos necesitamos todos. No podemos excluir a nadie y nadie puede excluirse”. Asimismo, han dicho que les gustaría ver “este mismo protagonismo laical en los cauces de participación eclesial, siempre en clave de misión y no de poder”.

La segunda parte de la ponencia se ha centrado en dar respuesta a las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? Previamente, los participantes habían identificado luces y sombras, habían recogido sus inquietudes, planteado líneas de acción y concretar algunas propuestas. Todo ello ha sido plasmado en el Instrumentum Laboris, que han planteado como marco de referencia. En él se ha propuesto: encontrar cauces de crecimiento personal y comunitario, impulsar la corresponsabilidad en el seno de la Iglesia, asumir un mayor compromiso en el mundo y ofrecer una renovada formación.

Después, han procedido a explicar cómo han funcionado los itinerarios durante el Congreso y lo que se ha hecho en ellos: “el Congreso ha propuesto cuatro itinerarios que marcarán el camino de los próximos años. Los cuatro itinerarios son: el primer anuncio, el  acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública. En cada uno de estos itinerarios nos hemos preguntado: ¿Qué actitudes convertir? ¿Qué procesos activar? ¿Qué proyectos proponer? Y lo hemos hecho en el contexto de las diferentes líneas temáticas que integraban cada uno de ellos, en las que se concretan diversas necesidades a las que hemos de dar respuesta como Iglesia, y con la ayuda de las experiencias y los testimonios que hermanos nuestros han compartido con nosotros, dándonos luz sobre cómo podemos actuar”.

“Estos cuatro itinerarios responden a una lógica interna que los relaciona entre sí: representan el camino natural de nuestro proceso de fe y, al mismo tiempo, expresan la misión y la tarea que tenemos encomendadas como cristianos. En los grupos hemos reflexionado sobre las actitudes que debemos convertir, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. En uno y otro caso, sabemos que la conversión tiene su fuente en Dios, gracias al impulso del Espíritu, mediante el encuentro con Jesús el Señor”, han continuado explicando.

A continuación, llegó el turno de contestar las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso. En lo que se refiere a actitudes a convertir, aseguran que “para ser Iglesia en salida vemos que hemos de combatir nuestro individualismo, abandonar el derrotismo, el pesimismo y la tentación del clericalismo. Debemos comprender que el Señor ha querido confiar en nosotros y que contamos con su Gracia. En los grupos de reflexión hemos recordado que una Iglesia en salida no es posible sin reconocer el papel de la mujer en la Iglesia, el protagonismo de los jóvenes en nuestras comunidades y la inclusión en ellas de personas con diversidad funcional. Observamos asimismo que es fundamental pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral de misión. Ello exige abrir nuestros corazones y nuestras comunidades, ponernos en disposición de escucha, cuidar el lenguaje, reforzar nuestra capacidad para la empatía, acoger; solo así es posible el diálogo, premisa de todo lo demás. Ser Pueblo de Dios en salida supone para nosotros la alegría de haber comprendido que nuestra fe adquiere todo su sentido cuando somos capaces de compartirla con quienes están a nuestro alrededor”.

Sobre los procesos a activar y los proyectos a proponer, han expuesto que “activar procesos supone partir de la realidad que queremos cambiar y tener claro a dónde deseamos llegar. Procesos y proyectos son necesarios porque en ellos vemos una herramienta eficaz de comunión. Existen dos premisas que deben marcar el diseño de los diferentes procesos que hemos de activar y de los proyectos concretos que queremos proponer: el discernimiento como actitud y metodología; y la creatividad desde la escucha al Espíritu y como oferta al mundo. Además, en los grupos de reflexión se ha destacado el valor de la parroquia como espacio necesario para el primer anuncio”.

En esta parte de la ponencia se han recogido algunas de las propuestas y proyectos más significativos. Sobre el primer anuncio: “deseamos proponer procesos como pueden ser: valorar la importancia del primer anuncio, la narración de la propia vida de fe y el testimonio creyente, en la vida diaria –la familia, el trabajo, las asociaciones, el barrio, el pueblo–. En los grupos hemos hablado sobre la necesidad de procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro personal con Cristo. También pedimos explorar formas para acoger y acompañar a los que buscan y a quienes se han alejado de la fe. Otro proceso sencillo nos llevaría a conocer las iniciativas de primer anuncio que se están desarrollando en muchos lugares. En referencia a los proyectos, la propuesta más significativa por parte de los grupos es la creación de Escuelas de evangelizadores y para el primer anuncio”.

En lo que se refiere al acompañamiento, proponen: “procesos de acompañamiento como actitud pastoral básica en lo que hace referencia a las personas y a los grupos. En este sentido, se ha hablado de cuidar el acompañamiento de personas en situación de sufrimiento y vulnerabilidad, de los matrimonios y familias, de los jóvenes y, más en general, para el discernimiento de la propia vocación. Los proyectos asociados a estos procesos que pueden ayudar a desarrollarlos son, entre otros, la promoción de Grupos y Redes de Acompañantes, la creación de Grupos de Acogida en las Parroquias y la puesta en marcha de Escuelas de Acompañamiento y Discernimiento Espiritual. También valoramos como una propuesta importante la elaboración de un Plan de Formación en el Acompañamiento.

Sobre los procesos formativos ven necesario “activar procesos continuados de formación en la fe desde la infancia hasta la edad adulta en los que el laico sea el protagonista, incluyendo los sacramentos como ejes vertebradores. Entre los diferentes proyectos planteados se ha hablado de la necesidad de difundir itinerarios de formación para toda la vida, de la creación de Escuelas de Doctrina Social de la Iglesia y de la promoción de Escuelas de Formación de Comunicadores Cristianos que nos ayuden a emitir adecuadamente el mensaje que propone nuestra fe”.

Por último, en cuanto a la presencia en la vida pública: “hemos de activar procesos de diálogo con la sociedad civil y cuidar especialmente que nuestro compromiso en la vida pública no quede excluido del acompañamiento por parte de nuestras comunidades de referencia. También se ha valorado como fundamental articular procesos de diálogo entre la fe y la ciencia. En cuanto a los proyectos concretos, la promoción de foros y espacios de encuentro para los católicos comprometidos en el ámbito de la política puede ayudar eficazmente en la opción por la transformación de la realidad para la construcción del bien común”. Además, “se propone la incorporación en la vida diocesana de órganos y acciones específicas para promoción de la ecología integral” y una de las propuestas más comentadas ha sido la de “promover, potenciar, profesionalizar y estructurar los contenidos de nuestra presencia en ellas a través de la generación de proyectos evangelizadores”.

A modo de conclusión, se ha resaltado en varias ocasiones que este es el momento de los laicos. “Lo hemos experimentado en el proceso previo que nos ha traído hasta aquí. Es nuestro momento y somos nosotros los elegidos. Sabemos que el camino no es sencillo. Pero a la vez es ilusionante. Debemos salir con el compromiso compartido de seguir potenciando el papel de laicado en la Iglesia que peregrina en España”, han asegurado.

Además, han afirmado que “este proceso tiene ahora una clara continuidad”. “No hemos acabado con este Congreso, sino que constituye el punto de partida de nuevos caminos. El propósito de llegar, en primer lugar, a todos esos hermanos nuestros de nuestras diócesis, parroquias, movimientos, colegios, instituciones, a los cuales representamos y tratar de comprender que hay un camino ya recorrido, pero que queda otro más importante aún por andar y que queremos hacer juntos, como Pueblo de Dios. Hemos detectado inquietudes compartidas; partiendo de ellas, hemos concretado líneas de acción; en las reflexiones formuladas en los grupos de reflexión hemos planteado nuevas propuestas. Ahora debemos dar forma a todo ello, siguiendo la misma metodología sinodal, para ir profundizando de manera organizada en los diferentes desafíos identificados”, señalaron.

Para acabar, se ha hecho hincapié en que se ha iniciado un proceso. “Un proceso que continúa abierto y nos exige seguir caminando como Pueblo de Dios en Salida. Somos conscientes de que ha sido y es un proceso guiado por el Espíritu, presente desde el principio. Hemos vivido en estos días un renovado Pentecostés”. “Sigamos adelante”, añaden ya que no se está construyendo para hoy ni trabajando para mañana: “Estamos forjando un camino para la eternidad”.

]]> Homilía del cardenal Blázquez https://www.pueblodediosensalida.com/homilia-del-cardenal-blazquez/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=homilia-del-cardenal-blazquez Sun, 16 Feb 2020 11:01:20 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=278372 Homilía en la Eucaristía de clausura (Congreso de laicos 14-16 febrero 2020) 1)“Como el Padre os ha amado, así os he amado yo” (Jn. 15, 9). “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto” /Jn. 15, 16). “Como el...]]>

Homilía en la Eucaristía de clausura

(Congreso de laicos 14-16 febrero 2020)

1)“Como el Padre os ha amado, así os he amado yo” (Jn. 15, 9). “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto” /Jn. 15, 16). “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn. 20, 21; 17, 18). Hay una especie de cascada de amor y de misión que tiene su fuente en el corazón del Padre, pasa por Jesús, el Hijo enviado, son destinatarios de su misión los Apóstoles y va llegando a los cristianos a lo largo de la historia. Con inmensa sorpresa y gratitud no somos espontáneos, sino amados, elegidos y enviados.

Somos Pueblo de Dios “en salida” porque somos Iglesia enviada. Somos misión porque vivimos en comunión con Jesucristo y los hermanos.

 “El Señor Jesús, a quien el Padre santificó y envió al mundo (Jn. 10, 36), hace partícipe a todo su Cuerpo místico de la unción del Espíritu con el que Él fue ungido. En Él todos los fieles quedan constituidos en sacerdocio santo y real, ofrecen sacrificios espirituales a Dios por Jesucristo y anuncian las maravillas de Aquel que de las tinieblas los llamó a su luz admirable. Por tanto, no hay ningún miembro que no tenga parte en la misión de todo el Cuerpo, sino que cada uno debe glorificar a Jesús en su corazón, y dar testimonio de Jesús con espíritu de profecía” (Presbyterorum ordinis, 2). En virtud de los sacramentos de iniciación somos un pueblo sacerdotal, profético y misionero.

         2) Los mandamientos de Dios son expresión de su voluntad. Son palabras de vida para el hombre; no son humillación de su dignidad, como el instigado por el tentador pensó el primer hombre (cf. Gén. 2, 17; 3, 5). Son caminos de sabiduría para que el hombre no se extravíe. Jesús no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. El hombre puede organizar su vida al margen de Dios, pero, como “el drama del humanismo ateo” ha mostrado reiteradamente, lo hará contra sí mismo (H. de Lubac. Cf. Pablo VI, Populorum progressio 42). No le viene bien al hombre desentenderse de Dios y de su Ley.

         Pensemos en la “eutanasia”, que con eufemismo vergonzante significaría muerte feliz o muerte digna. La sociedad, los hombres, pueden despenalizarla, dejar indefensas a personas débiles, permitir que sean eliminadas, presionar sutilmente sobre otros. Pero realmente renunciar al carácter inviolable de la vida humana es minusvalorar su dignidad personal.

¿Cómo lleva Jesús a plenitud la Ley y los Profetas? Jesús no es un legislador minucioso ni rigorista, de mínimos y casuística. Es Señor abre a sus discípulos un horizonte de amplio respiro, de hondura y de libertad porque responde a la verdad y la honda aspiración del hombre. La vocación del hombre es la libertad; la libertad está destinada al servicio de los demás, no al abuso y al engreimiento. “El que no ama cumple la ley” (Rom 13, 8-10; Gál. 5, 13 ss). El Espíritu del Señor anima el corazón del hombre para decir sí a Dios, sin condiciones, sin plazos, sin fecha de caducidad. El Espíritu colma la letra; Jesús propone una vivencia de la Ley desde dentro, no con un mero cumplimiento exterior. El cumplimiento de la ley de Dios genera convivencia respetuosa y sabia ordenación interior.

La Ley auténticamente humana y humanizadora no es caprichosa ni impuesta despóticamente ni convenida sin respeto a la genuina condición humana, sino asentada en la verdad del hombre y al servicio del bien común. La “cultura del encuentro” (Papa Francisco) arraiga en el respeto a la dignidad de toda persona que nos remite a Dios.

El Evangelio que ha sido proclamado y hemos escuchado contiene tres casos de los cinco que el texto enumera de la manera como Jesús interpreta la ley de Moisés enmendando la interpretación de los fariseos. Con autoridad inaudita y soberana enseña Jesús: “Habéis oído que se dijo … pero yo os digo” (Mt 5, 21.27.33),. Los cinco ejemplos se encuadran entre las siguientes expresiones clave: “Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5, 20); y “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (5, 48). Esta es la medida moral que Jesús enseña a sus discípulos.

Volvamos dócilmente al Evangelio que hemos escuchado. La ofrenda a Dios y la reconciliación con el hermano son inseparables. Levantemos las manos  a Dios limpias de rivalidades, de orgullo  y resentimientos. La fe en Dios es fecunda en buenas obras; la adoración de Dios conduce al servicio de los hombres; el encuentro con Dios impulsa a servir a los demás. La acogida del padre revelado en Jesucristo es fundamento permanente de fraternidad. ¡No elijamos a Dios contra el hombre ni al hombre contra Dios!.

El matrimonio y la familia son realidades fundamentales en la vida de las personas y en la convivencia de la sociedad. El adulterio, nos dice el Evangelio de Jesús, comienza en el corazón. Aquí están las raíces donde germinan las acciones del hombre. ¿Por qué no nos detenemos para mirar con respeto y amor compasivo al matrimonio y a la familia de nuestro tiempo? ¿Por qué se multiplican las rupturas del matrimonio, con el sufrimiento de los esposos, los hijos y familias hasta el punto de conmover la estabilidad de la sociedad? Produce consternación el que tantas mujeres sean víctimas de su esposo o pareja. ¡Hasta dónde puede llegar el odio y la violencia! ¡Asesinar a la persona con la que se ha tenida la suma intimidad! ¿Qué nos pasa? ¿Qué desviaciones padecemos? Sin olvidar otros medios, necesitamos ciertamente educación moral y fortalecimiento de valores éticos para que nunca otra persona sea convertida en objeto de que se pretenda disponer arbitrariamente. No podemos olvidar que de la familia unida y saludable depende en gran medida la salud ética de la sociedad. El mismo carácter institucional del matrimonio padece serios acosos. Por otra parte, la educación de los hijos depende en gran medida del hogar, donde se aprenden vitalmente las grandes lecciones que orientan la vida. Los padres son los ministros de Dios en la comunicación del don de la vida; y en la convivencia y sucesión de generaciones se transmite la sabiduría de los mayores y la inserción profunda en la historia del propio pueblo con sus ejemplos y sus advertencias. El desarraigo de la historia nos deja inermes para afrontar con serenidad y esperanza el futuro. ¡Cuidemos la familia, con la cual la persona está custodiada y sin ella está a la intemperie!. Para la comunicación personal y social necesitamos alimentar la confianza recíproca. La verdad y la veracidad deben acreditar la fiabilidad de la comunicación entre los hombres. “en este clima el sí y el no de los labios debe corresponder al sí y al no del corazón” (S. Guijarro).

         3) La moral evangélica vivida y enseñada por Jesús a sus discípulos a los que enviará como apóstoles está sostenida por la relación con el Padre de Dios. Tiene profunda incidencia en las relaciones humanas y en la sociedad, pero su fundamento es trascendente.

         Permitidme que amplíe esta perspectiva, tomando pie de unas palabras de San Pablo pronunciadas con énfasis: “Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores y yo soy el primero” (1 Tim. 1, 15). Nuestras acciones, que califican a nuestra persona, poseen una dimensión de orden religioso, que incluye la perspectiva moral, pero la trasciende. Podemos ser no sólo inmorales sino también pecadores. No es sólo quebrantamiento moral de las justas leyes humanas y de la ley inscrita en nuestro interior, sino también rechazo de la voluntad de Dios. La misión de Jesús enviado por el Padre y su obra salvífica tiene que ver con el pecado y la condición pecadora de los hombres. Jesús entregó su vida y derramó su sangre por los hombres “perdón de los pecados” (cf. Mt. 26, 28: Lc. 1, 77: ef. 1, 7). La misión que Jesús nos ha confiado es anuncio del Evangelio del amor misericordioso de Dios, del perdón de nuestros pecados y de la conversión a Dios y a la fraternidad con los demás hombres. Estos días hemos culminado una etapa que nos abre a la siguiente en unidad y esperanza. Han sido días de convivencia fraternal y misionera, de encuentro con Dios y con los demás.

         El Evangelio es en todo su recorrido Buena Noticia, llamada del Buen Pastor que nos busca, que generosamente nos ofrece su custodia. Podemos distinguir cuatro pasos en su camino. El Evangelio tiene su fuente en el corazón del Padre Dios, que para sorpresa nuestra nos ama desde siempre (cf. Ef 1, 3 ss; Rom 8, 28-39). Es Buena Noticia anunciar que Dios existe y que nos ama. No le somos indiferentes. El Evangelio en un segundo momento es Jesús en Persona. Anunció la misericordia del Padre que convirtió en praxis diaria por la cercanía a las personas heridas por la vida, a los últimos a los débiles, a los pobres, a los pecadores. El Evangelio es, además, fermento de vida nueva en quien lo recibe con fe y humildad. El Evangelio vence el temor, expulsa la tristeza y alienta la esperanza en las pruebas (cf. 1 Ped 1, 6-9). El Evangelio recibido por la persona se refleja en el rostro, en la relación con los demás, en la victoria sobre el desaliento, la ostentación, la rivalidad, el egoísmo, la vida insípida. La Virgen María fue dichosa por haber creído (cf. Lc 1, 45); es ejemplo del gozo que comunica el Evangelio recibido. Por fin, el evangelizador emite en una onda que hace memoria de Jesucristo, que a la memoria une la gratitud, que al agradecimiento responde anunciando por amor la esperanza que no defrauda porque el Espíritu de Dios es su fuente (cf. Rom 5, 5); sería contradictorio anunciar la Buena Noticia del amor de Dios con un corazón resentido y triste;  no se puede testificar el Evangelio de la paz con rivalidades y desprecios.

         Me permito también recordar en esta celebración una dimensión de la esperanza cristiana no siempre atendida. Escuchemos las siguientes palabras: “Si nuestra esperanza en Cristo se limita solo a esta vida, somos las personas más dignas de compasión. Pero Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron” (1 Cor. 15, 19-20). Si todo termina en la muerte, la fe en Jesucristo sería vana y la esperanza fallida. Por el bautismo, que es comunión con Jesucristo muerto y resucitado, hemos ido “regenerados para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo” (cf. 1 Ped. 1, 3-4). La salvación en Jesucristo tiene una altura y profundidad, una anchura y dilatación hacia el futuro; estas dimensiones desbordan las coordenadas en que se inscribe nuestra vida temporal. Con la esperanza afrontamos serenamente las diversas etapas de nuestra historia; y es una dicha inmensa poder esperar también en el umbral de la muerte, ya que Jesús fue crucificado, resucitó de entre los muertos y está vivo para siempre. Él nos toma de la mano para atravesar la puerta a la eternidad.

         4) Queridos hermanos, estamos llamados a seguir a Jesús en cada jornada como discípulos y apóstoles. Comenzaba en la comunicación orante con el Padre; lo continuaba predicando el Evangelio y curando a los enfermos y; al final del día se retiraba de nuevo al monte a orar. Sin convivencia con Jesús, sin oración perseverante y sin amor a los que somos enviados, no habrá auténtica evangelización ni sobrevivirán los evangelizadores. Somos inseparablemente discípulos- misioneros. Tengamos la seguridad de que hay siempre personas que aguardan a un enviado de Dios que le anuncie el Evangelio y les ilumine la vida.

         Nos hemos reunido en este Congreso, y ya antes iniciamos un largo itinerario, respondiendo a la convocatoria del señor en favor de su pueblo y de la humanidad. No salimos de aquí a la misión apoyándonos en nosotros mismos. Pero el Señor vence el miedo y abre las puertas. Como el día de Pentecostés, los apóstoles de la primera hora, enardecidos por el Espíritu Santo, salieron a anunciar a Jesucristo con valentía y confianza, así también nosotros, alimentados en la Mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo, nos reconocemos Pueblo de Dios “en salida”, y salimos en su nombre a proclamar con palabras y obras el Evangelio del amor y la reconciliación, la alegría y la esperanza.

Congreso de laicos “Pueblo de Dios en Salida” (14-16 febrero)

Madrid 16 de febrero de 2020

Mons. Ricardo Blázquez Pérez

Cardenal Arzobispo de Valladolid

Presidente de la Conferencia Episcopal Española

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Ponencia final: «Un Pentecostés renovado» https://www.pueblodediosensalida.com/ponencia-final-un-pentecostes-renovado/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=ponencia-final-un-pentecostes-renovado Sun, 16 Feb 2020 09:20:08 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=238198 https://www.youtube.com/watch?v=mJMYddtaI4sPonencia final del Congreso de Laicos: Un Pentecostés renovado  Monseñor Toni Vadell Ana Medina Premisa En la dinámica de nuestro Congreso, la Ponencia final tiene un doble objetivo: de un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que constituyen...]]>
Ponencia final del Congreso de Laicos: Un Pentecostés renovado  Monseñor Toni Vadell Ana Medina
  1. Premisa

En la dinámica de nuestro Congreso, la Ponencia final tiene un doble objetivo: de un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que constituyen el eje central de nuestro encuentro; de otro, ofrecer un escenario de futuro inmediato que nos permita profundizar en las prioridades que, en un ejercicio de sinodalidad, hemos podido identificar durante este proceso.

  1. El pueblo de Dios en salida

El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta el testimonio de los primeros cristianos y cuenta cómo se extendió el Evangelio por el mundo entonces conocido. En los Hechos de los Apóstoles vemos con claridad que en Pentecostés el Espíritu Santo abrió el tiempo de la Iglesia y de la misión. “En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua” (EG 259).

  • El pueblo de Dios misionero y santo

La Iglesia nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo; para pertenencer a ella se necesita el bautismo y para mantenerse en ella es fundamental la eucaristía.

La Iglesia es el pueblo de Dios, misionero y santo. Este pueblo estaba formado por hombres y mujeres, cristianos que venían del judaísmo y cristianos que venían del paganismo, apóstoles y maestros, profetas y diáconos, pastores y fieles. Es un pueblo en salida por expreso mandato de Jesús resucitado. La Iglesia es Iglesia en salida y, por eso, en toda época la misión renueva a la Iglesia. En esencia la misión consiste en dar vida. “Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (EG 10).

¿Quiénes forman parte de este pueblo misionero y santo? Este pueblo está constituido por hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios. Este pueblo se caracteriza porque sus miembros tienen un mismo bautismo, una misma llamada para ser seguidores a Jesús, un mismo mandato para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo, unos rasgos identificadores como son la vida comunitaria, la celebración litúrgica, especialmente la celebración de la eucarística, y el servicio generoso para el bien del mundo. Hay diversidad de ministerios pero una misma misión. Este es el fundamento del apostolado laical y de cualquier apostolado.

Los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios. También los laicos somos discípulos misioneros de Jesús. No somos una cosa o la otra, sino discípulos misioneros, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos. Somos discípulos misioneros:

  • con la mirada puesta en Jesús. Somos hombres y mujeres de fe que miramos a Jesús y queremos mirar la vida con la mirada de Jesús. “La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver” (LF 18).
  • conscientes de nuestra propia vocación. Somos hombres y mujeres agradecidos por el regalo de la vocación que el Señor dibuja en nuestras entrañas. “Porque la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno” (ChV 252). Deseosos de vivir en comunión con los cristianos que tienen otras vocaciones dentro del Pueblo santo de Dios.
  • con una vida entregada a los demás. Nos gustaría sacar fuera lo mejor de nosotros para la gloria de Dios y para el bien del mundo. Decimos “aquí estoy Señor”, porque queremos acoger el don que nos hace el Señor, y colaborar con Él en la misión.
  • En un contexto secular y pluralista

También nosotros, fieles laicos, somos una misión. “La misión en el corazón del Pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar (EG 273). Estas acciones son importantes llamadas del Espíritu.

Junto con las otras vocaciones, los laicos formamos parte del pueblo de Dios en una sociedad secularizada y plurireligiosa. El pluralismo se ha extendido en todos los órdenes de la vida. Se deja ver en distintos estilos de vida, modos de pensamiento, cosmovisiones, sistemas de orientación. Todos vivimos al mismo tiempo mundos muy diferentes en la familia, el trabajo, la esfera pública, la economía, las diversiones, las relaciones. En este sentido, saber situarse en este complejo contexto no es fácil y es para los cristianos un importante reto.

No hay otro lugar para la misión que este mundo con toda su complejidad. Creemos que el icono bíblico de Babilonia puede ser inspirador. En Babilonia el pueblo de Israel se diluye en el contexto, excepto un pequeño resto, una parte pequeña del pueblo que no sucumbe a la propuesta de los ídolos, se mantiene fiel a la Alianza, y continúa esperando en las promesas de Dios. La pregunta es inmediata: ¿Cómo ser un resto significativo en nuestro contexto actual?

  • La propuesta de un Congreso de laicos

En la base de la experiencia cristiana está la convicción de que Dios está actuando en el mundo, en la Iglesia, en nosotros, en todo hombre y en toda mujer. Y porque Dios está actuando podemos buscar los signos y las huellas que Dios deja. Esta convicción ha estado muy presente en la convocatoria de este Congreso. Estamos convencidos que el Espíritu Santo busca la manera de renovar nuestras Iglesias y utiliza acontecimientos como este mismo Congreso. Este es un Congreso de todo el Pueblo de Dios que peregrina en nuestras iglesias de España y de manera particular es un Congreso de laicos.

Llegamos aquí después de haber recorrido un estimulante camino de preparación. Ponerse en camino ya ha sido causa de alegría y podemos afirmar que estamos viviendo este proceso como un acontecimiento de gracia. En estos meses de preparación hemos podido ver cómo el Espíritu Santo iba despertando a muchos laicos, generaba ilusión e inquietud en no pocos, curiosidad en otros, ilusión en todos, nos ponía en movimiento, creaba espacios de diálogo y de comunión.

Por eso, podemos afirmar que en estos meses hemos vivido una experiencia de sinodalidad. Sinodalidad es caminar juntos. La Iglesia sinodal, gracias al Espíritu Santo, cultiva relaciones, pone en valor la vocación de cada fiel, favorece los carismas y el sentir con la Iglesia, se caracteriza por la comunión. El proceso sinodal que hemos vivido ha estado caracterizado por:

  • la escucha. Queremos ser una Iglesia que escucha con la misma actitud que Jesús. La escucha tiene un valor teológico y pastoral. “Una Iglesia a la defensiva, que pierde la humildad, que deja de escuchar, que no permite que la cuestionen, pierde la juventud y se convierte en un museo” (ChV 42).
  • el discernimiento. Queremos ser una Iglesia de discernimiento. “ (Este) nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer” (GE 169).
  • la corresponsabilidad y la participación. Queremos ser una Iglesia caracterizada por la corresponsabilidad y la participación de todos los bautizados, cada uno según su edad, su estado de vida y su vocación.

El camino de preparación nos ha traído a laicos de todos los rincones de nuestras Iglesias que peregrinan en España hasta este Congreso; también a obispos, sacerdotes y consagrados. En estos días nos hemos puesto en las manos del Espíritu; hemos podido compartir reflexiones, talleres y experiencias, charlas de pasillo, oraciones, la celebración de la Eucaristía y momentos de fiesta; hemos disfrutado de la comunión y de la diversidad de vocaciones y carismas. Preguntemos al Espíritu: ¿hacia dónde vamos? ¿qué caminos hemos de iniciar?

 

  1. Sembrar semillas y cosechar espigas de sinodalidad

Nada crece si no se ha sembrado. En este Congreso estamos sembrando las semillas necesarias para renovarnos y dinamizar el laicado en España; al mismo tiempo, estamos cosechando ya los primeros frutos de los cuales saldrán nuevas semillas de sinodalidad. Si aceptamos el reto de la siembra tenemos la esperanza de que gran parte de la simiente caiga en terreno bueno y fértil. De hecho, somos conscientes de estar ya contemplando brotes de sinodalidad.

  • La Iglesia en salida es una Iglesia sinodal

El fundamento de la sinodalidad lo encontramos en la eclesiología del pueblo de Dios que “destaca la común dignidad y misión de todos los bautizados en el ejercicio de la multiforme y ordenada riqueza de sus carismas, de su vocación, de sus ministerios” (La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, 6).

Para hablar de sinodalidad el papa Francisco utiliza varias imágenes. Unas veces habla de una pirámide invertida donde los ministros están al servicio de todos; otras veces de una canoa donde todos reman en una dirección; y en ocasiones prefiere usar la imagen del poliedro. “El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad” (EG 236).

Esta diversidad nos complementa. “En la Iglesia sinodal toda la comunidad, en la libre y rica diversidad de sus miembros, es convocada para orar, escuchar, analizar, dialogar, discernir y aconsejar para que se tomen las decisiones pastorales más conformes con la voluntad de Dios. Para llegar a formular las propias decisiones, los Pastores deben escuchar entonces con atención los deseos de los fieles” (La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, 68). En el ejercicio de la sinodalidad todos nos ponemos a la escucha del Espíritu y hacemos juntos el camino pero cada uno desde su propia responsabilidad.

  • La conversión pastoral y misionera

Para recorrer este camino necesitamos estar abiertos a la conversión pastoral y misionera, comunitaria y personal. En esta ocasión puede servir de inspiración el icono bíblico de la predicación de Jonás en Nínive. Vemos en esta historia la importancia que tiene la conversión. El relato bíblico cuenta que gracias a la predicación de Jonás los ninivitas se convierten. Esta historia tiene otras enseñanzas: los ninivitas se convierten, incluso Dios cambia su decisión, pero curiosamente Jonás se obceca y se cierra a la conversión. El relato muestra a un Dios rebosante de misericordia y a un profeta cargado de amargura. ¡Qué necesaria es la conversión, también la conversión de los profetas! Este relato nos interpela a todos nosotros.

La conversión pastoral y misionera exige la implicación de todos, cada uno desde su propia vocación. “El gran desafío para la conversión pastoral que hoy se le presenta a la vida de la Iglesia es intensificar la mutua colaboración de todos en el testimonio evangelizador a partir de los dones y de los roles de cada uno, sin clericalizar a los laicos y sin secularizar a los clérigos, evitando en todo caso la tentación de un excesivo clericalismo que mantiene a los fieles laicos al margen de las decisiones” (Comisión Teológica, 104).

Finalmente, la conversión exige humildad. Solo podemos ser humildes si reconocemos que nunca estamos totalmente convertidos. Siempre podemos volver nuestra mirada a Dios para que Él cambie nuestra mente, purifique nuestro corazón y nos haga recorrer su camino. En este proceso hemos reconocido errores, sombras y carencias. El camino de la humildad es necesario: hace que el perdón y la misericordia de Dios lleguen a nosotros; propone hacer memoria agradecida de la obra que Dios ha hecho con nosotros; invita a dejarnos acompañar por la Iglesia que hoy está proponiendo el camino de la sinodalidad.

  • La importancia de la cultura

Hace ya cuarenta años el Papa Pablo VI afirmaba que el compromiso evangelizador atiende una doble fidelidad: “Esta fidelidad a un mensaje del que somos servidores, y a las personas a las que hemos de transmitirlo intacto y vivo, es el eje central de la evangelización” (EN 4). Esta fidelidad al Señor y a las personas lleva a reconocer el valor de la cultura. “El ser humano está siempre culturalmente situado: naturaleza y cultura se hallan unidas estrechísimamente. La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe” (EG 115).

La cultura que vivimos trae nuevas preguntas. El Sínodo sobre los jóvenes habló sobre algunos desafíos antropológicos y culturales a los que estamos llamados a enfrentarnos en nuestro tiempo: el cuerpo, la afectividad y la sexualidad, el papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad; los nuevos paradigmas cognitivos y la búsqueda de la verdad; los efectos antropológicos del mundo digital; la decepción institucional y las nuevas formas de participación; la parálisis en la toma de decisiones por la superabundancia de propuestas; ir más allá de la secularización. Estas son algunas de las preguntas de nuestro tiempo, que se suman a otros retos que llevamos enfrentando años y que nos siguen exigiendo una respuesta. Necesitamos tomar conciencia de estos cambios para poder responder a los nuevos retos del tiempo y de la historia.

Los discípulos de Jesús siempre nos hemos preguntado cómo ser cristianos en el tiempo. San Pablo propuso dos criterios: “No os acomodeis a este mundo” (Rom 12,2) y “examinad todo y retened lo bueno” (1Tes 5,21). San Mateo expresó esto mismo de manera distinta: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo” (Mt 5,5). Según el evangelista, los cristianos están en medio del mundo como sal y, al mismo tiempo, tienen algo que ofrecer como luz que ellos mismos han recibido.

  • La Iglesia sinodal quiere ser sal y luz

En esta cultura la Iglesia sinodal quiere ser sal y luz. Hace tres años, en las aportaciones de los jóvenes españoles para el Sínodo sobre los jóvenes, éstos  soñaban con una Iglesia misericordiosa, acogedora, cercana y abierta al mundo de hoy y, sobre todo una Iglesia fiel a Jesús y su Evangelio. Para ello es importante:

  • Salir hasta las periferias. Salir hasta las periferias no consiste en esperar a que vengan quienes están en ellas, sino que lleva ponernos en camino y acudir a su encuentro con actitud humilde para acoger y caminar juntos.
  • Diálogo y encuentro. El modo a través del cual la Iglesia se asienta en el mundo es por medio del diálogo y el encuentro. “La Iglesia está llamada a asumir un rostro relacional que sitúa la escucha, la acogida, el diálogo y el discernimiento común en el centro de un proceso que transforma la vida de quienes participan en él» (DF 122).
  • Vivir desde la oración y los sacramentos. Una vida sostenida en la oración y los sacramentos va acompañada del coraje, de la fuerza que dan una y otros.Invoquémoslo hoy, bien apoyados en la oración, sin la cual toda acción corre el riesgo de quedarse vacía y el anuncio finalmente carece de alma. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios” (EG 259).
  • Apertura a quienes buscan. Queremos ser una Iglesia de puertas abiertas, atenta a los buscadores. Lo que nosotros podemos ofrecerles es estímulo, luz y aliento. Esta preocupación es urgente, especialmente en aquellos contextos donde las huellas religiosas hayan perdido fuerza y vigor. Saber comunicarse con quienes buscan exige abrir puentes de relación.
  • Cultivar las semillas del Verbo. En las semillas el Verbo ya está presente, aunque sea de manera incipiente. Por eso vemos muy útil una pedagogía de pequeños pasos. Solo desde lo pequeño podemos llegar a lo grande.
  • Cercanía a los pobres y a quienes sufren. La Iglesia tiene entre sus pilares fundantes la predilección por los pobres. “Hoy y siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio, y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (EG 50).
  • Anunciar el Evangelio. Vivir la fe exige comunicarla, anunciarla, compartirla. No podemos callar la verdad del Evangelio. “Más allá de cualquier circunstancia, a todos (…) quiero anunciarles ahora lo más importante, lo primero, eso que nunca se debería callar. Es un anuncio que incluye tres grandes verdades que todos necesitamos escuchar siempre, una y otra vez” (ChV 115); estas tres verdades son: Dios te ama, Cristo te salva, El Espíritu da vida y acompaña en la vida.
  • Estar a gusto con el pueblo. No somos de este mundo, pero vivimos en el mundo. “Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo” (EG 268). El Señor nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo.

 

  1. El protagonismo del laicado

En la Iglesia de comunión sabemos que Dios regala sus dones a todos los fieles cristianos que ellos ponen al servicio de los demás y de la misión. Todos los cristianos estamos invitados a tener un papel activo en la Iglesia y en el mundo, cada uno según su propia vocación.

 

  • Desplegar la vida desde la vocación

Estamos llamados a desplegar la vida desde la propia vocación. La vocación es el regalo que Dios nos dona junto a la vida. Tiene mucho sentido vivir desde lo que soy porque eso es lo que ha soñado Dios para mí.

Siguiendo la ruta trazada por el Concilio Vaticano II, el papa Francisco propone situar todas las vocaciones a la luz del bautismo y dentro del Pueblo de Dios. Este pueblo ha sido bendecido con distintas vocaciones. “Las vocaciones eclesiales son, en efecto, expresiones múltiples y articuladas a través de las cuales la Iglesia cumple su llamada a ser un verdadero signo del Evangelio recibido en una comunidad fraterna. Las diferentes formas de seguimiento de Cristo expresan, cada una a su manera, la misión de dar testimonio del acontecimiento de Jesús, en el que cada hombre y cada mujer encuentran la salvación” (DF 84). Este criterio nos iguala y, al mismo tiempo, nos diferencia. No podemos dejar de recordar, en este sentido, que la vocación laical es una auténtica vocación: “A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios” (LG 31).

No es extraño entender la vocación como camino de santidad, como fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestras comunidades, porque toda vida es misión. “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo, escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy” (GE 23). Hay una continuidad inseparable entre vocación, misión y santidad. La llamada a la santidad es una llamada a la entrega, a la donación y a la alegría misionera.

  • Profundizar la misión

Vocación y misión están inseparablemente unidas, como la cara y la cruz en una moneda. Tenemos que constatar con alegría que en este tiempo crece la conciencia misionera en la Iglesia. No podemos olvidar nunca que la vocación y la misión nacen del Señor, de Él parte la iniciativa. La misión es del Señor, es Él quien llama y envía. No podemos entender la misión como una concesión generosa de nuestra parte.

El Sínodo sobre los jóvenes habló de la sinodalidad misionera. Para poder llevar a cabo esta sinodalidad misionera es fundamental el cuidado de las relaciones. Puede afirmarse, por ello, que la clave está en las relaciones. “También con vistas a la misión, la Iglesia está llamada a asumir un rostro relacional que ponga en el centro la escucha, la acogida, el diálogo, el discernimiento común, en un camino que transforme la vida de quien forma parte de ella… Así, la Iglesia se presenta como “tienda santa” en la que se conserva el arca de la alianza (cf. Ex 25): una Iglesia dinámica y en movimiento, que acompaña caminando, fortalecida por tantos carismas y ministerios. Así es como Dios se hace presente en este mundo” (DF 122).

Aquí están los fundamentos de la misión compartida, tan importante en muchas congregaciones e institutos religiosos. La misión compartida va haciéndose realidad. Es una gran alegría constatar la presencia de tantos laicos comprometidos vocacionalmente en la misión. Nos necesitamos unos y otros, cada uno con su propia vocación, para llevar adelante la misión.

  • Un laicado en acción

En este sentido, podemos hablar con rigor del protagonismo del laicado. Este protagonismo brota del don de la vocación laical y se hace concreto en la responsabilidad que toda vocación conlleva. Cuando posibilitamos y ejercemos este protagonismo, desarrollamos la sinodalidad. Esta se hace efectiva cuando todos los miembros de la Iglesia ejercen su responsabilidad en ella, según la vocación recibida. La responsabilidad de unos está unida a la responsabilidades de otros. Por eso hablamos de corresponsabilidad, que es más que de responsabilidad, porque implica una responsabilidad compartida y ejercida complemenariamente. En la Iglesia sinodal nos necesitamos todos. No podemos excluir a nadie y nadie puede excluirse.

Nos gustaría ver este mismo protagonismo laical en los cauces de participación eclesial, siempre en clave de misión y no de poder. El papa Francisco decía en la exhortación Evangelii Gaudium: “En su misión de fomentar una comunión dinámica, abierta y misionera, (el obispo) tendrá que alentar y procurar la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho Canónico y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos. Pero el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos” (EG 31).

Dicho todo esto, también hay que afirmar opción por el laicado asociado y la importancia del laicado no asociado. Tanto unos como otros queremos dar importancia a la vida de cada día. Sería prolijo describir espacios de protagonismo laical. Este protagonismo se ejerce en la familia, las parroquias, escuelas, universidades, hospitales, programas de acción social, misiones ad gentes, medios de comunicación, política, mundo profesional, empresas, sindicatos, proyectos de investigación. Este protagonismo se ejerce en la calle, entre los vecinos, en la ciudad y en el campo. No hay realidad humana donde no se vea el protagonismo laical.

  1. Recorrer caminos de vida y resurrección

En muchas de sus intervenciones el papa Francisco habla de la alegría. El Evangelio es siempre, en sí mismo Buena Noticia, un mensaje de alegría: Jesucristo, revelador del amor y la misericordia del Padre, nos lleva a recorrer caminos de vida y resurrección incluso entre dificultades. En esta vida, alegría y esperanza son un todo indisoluble. Junto a la alegría viene la esperanza. “La razón fundamental y decisiva para nuestra esperanza es la fidelidad y el amor de Dios. Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen a la felicidad de su gloria (cf. 1 Tim 2,4).

Este Congreso quiere despertar nuestra alegría y esperanza. Viene bien este mensaje cuando constatamos que la tristeza y la acedia van ganando adeptos. Somos conscientes de que la tristeza puede ir ganando terreno en nosotros cuando los retos son mayores que nuestras fuerzas, las tareas resultan pesadas o el futuro es oscuro. Pero el Espíritu llama a nuestra puerta regalando alegría y esperanza. Queremos recorrer caminos de vida y resurrección.

No partimos de la nada. Hemos seguido un proceso que, en sí mismo, a medida que íbamos soñándolo, concretándolo y poniéndolo en práctica, ha ido planteando un marco de referencia para nuestros próximos pasos. El Documento-Cuestionario, el Instrumentum Laboris, los contenidos y propuestas de los Itinerarios son el esqueleto sobre el que podemos construir el futuro inmediato.

  • El Instrumentum Laboris como contexto de partida

Nuestro ejercicio de sinodalidad nos ha conducido a identificar luces y sombras, a plantear líneas de acción, a concretar algunas propuestas; todo ello ha sido plasmado en el Instrumentum Laboris, que proponemos como marco de referencia. Su contenido sirve de orientación en cuanto a los caminos por recorrer.

De manera resumida, conviene recordar que en él se propone:

  • Encontrar cauces de crecimiento personal y comunitario. El IL propone una conversión personal (IL 69), una conversión comunitaria (IL 71), y una conversión pastoral y misionera (IL 73).
  • Impulsar la corresponsabilidad en el seno de la Iglesia. Los fieles laicos estamos llamados a vivir la corresponsabilidad real. Hemos de ser actores de la vida eclesial y no simplemente destinatarios (IL 75).
  • Asumir un mayor compromiso en el mundo. Entre otros temas se destacan tres de manera especial: el compromiso público (IL 81), la familia IL 82 y 83) y el cuidado de la casa común (IL 85).
  • Ofrecer una renovada formación. En concreto, se habla de la formación vocacional, motivacional y misionera. Por eso no es extraño que hablemos de una formación del corazón a lo largo de la vida (IL 89).
  • Las propuestas del Congreso: la centralidad de los cuatro itinerarios

Además, el Congreso ha propuesto cuatro itinerarios que marcarán el camino de los próximos años. Los cuatro itinerarios son: el primer anuncio, el  acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública. En cada uno de estos itinerarios nos hemos preguntado: ¿Qué actitudes convertir? ¿Qué procesos activar? ¿Qué proyectos proponer? Y lo hemos hecho en el contexto de las diferentes líneas temáticas que integraban cada uno de ellos, en las que se concretan diversas necesidades a las que hemos de dar respuesta como Iglesia, y con la ayuda de las experiencias y los testimonios que hermanos nuestros han compartido con nosotros, dándonos luz sobre cómo podemos actuar.

Estos cuatro itinerarios responden a una lógica interna que los relaciona entre sí: representan el camino natural de nuestro proceso de fe y, al mismo tiempo, expresan la misión y la tarea que tenemos encomendadas como cristianos.

4.2.1. Actitudes a convertir

“Es el pueblo convocado por Dios, que camina sintiendo el impulso del Espíritu, que lo renueva y le hace volver a Él, una y otra vez, para sentirnos cosa suya” (Mensaje del Papa Francisco al Congreso “Pueblo de Dios en salida”).

En los grupos hemos reflexionado sobre las actitudes que debemos convertir, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. En uno y otro caso, sabemos que la conversión tiene su fuente en Dios, gracias al impulso del Espíritu, mediante el  encuentro con Jesús el Señor. Es el Espíritu quien envía a la misión,  nos hace salir de nosotros mismos y de nuestra autorreferencialidad. Es el Espíritu quien nos acompaña por los caminos de la vida y de la historia. Es el Espíritu el auténtico formador de los formadores. Es el Espíritu quien nos ayuda a vivir la identidad cristiana laical en la vida profesional y social.

El Espíritu es fuente de comunión, promueve y cualifica las relaciones en el Pueblo de Dios, envía a la misión. Podemos decir que Él nos une, nos ayuda a valorar nuestra peculiaridad carismática, las diferentes formas que tenemos de manifestar la fe en la Iglesia. No podemos abrirnos a los demás y seguir cerrados entre nosotros. La comunión no sólo consiste en compartir lo que nos une; exige igualmente superar lo que nos separa del Señor y también lo que nos separa a unos y otros.

Para ser Iglesia en salida vemos que hemos de combatir nuestro individualismo, abandonar el derrotismo, el pesimismo y la tentación del clericalismo. Debemos comprender que el Señor ha querido confiar en nosotros y que contamos con su Gracia. Asumir nuestra responsabilidad como bautizados implica, ante todo, observar la realidad a la luz de la fe, ser conscientes de que debemos anunciar explícitamente a Jesucristo con nuestra palabra y con nuestras obras; y, siempre, desde la alegría. En los grupos de reflexión hemos recordado que una Iglesia en salida no es posible sin reconocer el papel de la mujer en la Iglesia, el protagonismo de los jóvenes en nuestras comunidades y la inclusión en ellas de personas con diversidad funcional.

Observamos asimismo que es fundamental pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral de misión. Ello exige abrir nuestros corazones y nuestras comunidades, ponernos en disposición de escucha, cuidar el lenguaje, reforzar nuestra capacidad para la empatía, acoger; solo así es posible el diálogo, premisa de todo lo demás. Pero el diálogo no es un fin en sí mismo; cuando es eficaz, nos lleva a la necesidad de acompañar desde la vida a la persona con la que dialogamos, valorándola en toda su dignidad, sin juzgar sus comportamientos y actitudes.

Ser Pueblo de Dios en salida supone para nosotros la alegría de haber comprendido que nuestra fe adquiere todo su sentido cuando somos capaces de compartirla con quienes están a nuestro alrededor –especialmente con los más débiles y desfavorecidos–; cuando vivimos como propios sus desvelos y deseos de felicidad; cuando nos comprometemos con el sueño que Dios tiene para cada persona, para que sea respetada su dignidad y el bien común constituya el fin y objetivo de la sociedad. Los cristianos estaremos trabajando codo con codo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que persigan estos mismos anhelos.

4.2.2. Procesos y proyectos

Activar procesos supone partir de la realidad que queremos cambiar y tener claro a dónde deseamos llegar. A ello ayuda articular proyectos, iniciativas de especial significación, acciones privilegiadas que aglutinan y propuestas que permiten que los procesos se sustancien. Procesos y proyectos son necesarios porque en ellos vemos una herramienta eficaz de comunión.

En este sentido, existen dos premisas que deben marcar el diseño de los diferentes procesos que hemos de activar y de los proyectos concretos que queremos proponer: el discernimiento como actitud y metodología; y la creatividad desde la escucha al Espíritu y como oferta al mundo.

Además, en los grupos de reflexión se ha destacado el valor de la parroquia como espacio necesario para el primer anuncio, como comunidad de acogida y acompañamiento, como centro de formación y como fuente de envío para la misión.

Esta parte de la ponencia recoge algunas de las propuestas más significativas. En este sentido, el diálogo tenido en los grupos es de gran valor y en análisis pausado de todas las propuestas nos ayudará a seguir madurando en el camino que recorreremos en el postcongreso.

  1. a) El primer anuncio

“Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: Vayan y prediquen el evangelio” (Mensaje del Papa Francisco al Congreso “Pueblo de Dios en salida”).

Queremos redescubrir la necesidad de hacernos presentes, a nivel personal y comunitario, en los espacios públicos y en la vida de las personas para escucharlas, acompañarlas en sus anhelos y necesidades y anunciar el Kerigma con lenguajes adecuados a aquellos con los que se dialoga.

En particular, deseamos proponer procesos como pueden ser: valorar la importancia del primer anuncio, la narración de la propia vida de fe y el testimonio creyente, en la vida diaria –la familia, el trabajo, las asociaciones, el barrio, el pueblo–. En los grupos hemos hablado sobre la necesidad de procesos de iniciación cristiana que favorezcan el encuentro personal con Cristo. También pedimos explorar formas para acoger y acompañar a los que buscan y a quienes se han alejado de la fe. Otro proceso sencillo nos llevaría a conocer las iniciativas de primer anuncio que se están desarrollando en muchos lugares.

En referencia a los proyectos, la propuesta más significativa por parte de los grupos es la creación de Escuelas de evangelizadores y para el primer anuncio.

  1. b) El acompañamiento

“Por lo tanto, no tengan miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente… esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro, sin juzgarlo, sin condenarlo, sino tendiéndole la mano, para sostenerlo, animarlo o, simplemente, para acompañarlo en su vida” (Mensaje del Papa Francisco al Congreso “Pueblo de Dios en salida”).

El acompañamiento tiene un gran protagonismo en la pastoral de nuestro tiempo. Esta tarea pone en acción la misión de compasión que ha recibido todo creyente para hacer presente al Señor y su Reino, mediante una relación caracterizada por la hospitalidad, la pedagogía y la mistagogía.

Planteamos proponer procesos de acompañamiento como actitud pastoral básica en lo que hace referencia a las personas y a los grupos. En este sentido, se ha hablado de cuidar el acompañamiento de personas en situación de sufrimiento y vulnerabilidad, de los matrimonios y familias, de los jóvenes y, más en general, para el discernimiento de la propia vocación.

Los proyectos asociados a estos procesos que pueden ayudar a desarrollarlos son, entre otros, la promoción de Grupos y Redes de Acompañantes, la creación de Grupos de Acogida en las Parroquias y la puesta en marcha de Escuelas de Acompañamiento y Discernimiento Espiritual. También valoramos como una propuesta importante la elaboración de un Plan de Formación en el Acompañamiento.

  1. c) Los procesos formativos

“(El pueblo de Dios) está llamado a dejar sus comodidades y dar el paso hacia el otro, intentando dar razón de la esperanza, no con respuestas prefabricadas, sino encarnadas y contextualizadas para hacer comprensibles y asequibles la Verdad que como cristianos nos mueve y nos hace felices” (Mensaje del Papa Francisco al Congreso “Pueblo de Dios en salida”).

La formación, inherente a la vida espiritual, es elemento imprescindible para la experiencia de la fe y premisa del testimonio y del compromiso público. La formación ha de ser permanente e integral y deberá cuidar la vocación y capacitar para la misión. Hay que reconocer que la formación conjunta se presenta como un camino de futuro para la Iglesia sinodal.

Vemos necesario activar procesos continuados de formación en la fe desde la infancia hasta la edad adulta en los que el laico sea el protagonista, incluyendo los sacramentos como ejes vertebradores. Una formación integral e integradora, que aúne espiritualidad, oración personal y comunitaria, sacramentos y profundización en la fe para dar razones de nuestra esperanza. En particular, la formación en Doctrina Social de la Iglesia se ha de hacer en diálogo con las realidades concretas y con las situaciones sociales que vivimos.

Entre los diferentes proyectos planteados se ha hablado de la necesidad de difundir itinerarios de formación para toda la vida, de la creación de Escuelas de Doctrina Social de la Iglesia y de la promoción de Escuelas de Formación de Comunicadores Cristianos que nos ayuden a emitir adecuadamente el mensaje que propone nuestra fe.

 

  1. d) La presencia en la vida pública

Es la hora de ustedes, de hombres y mujeres comprometidos en el mundo de la cultura, de la política, de la industria… que con su modo de vivir sean capaces de llevar novedad y la alegría del evangelio allí donde están” (Mensaje del Papa Francisco al Congreso “Pueblo de Dios en salida”).

Ser creyente no sólo exige preguntarnos quién soy yo sino, sobre todo, para quién soy yo. Toda persona bautizada, cualquiera que sea su vocación, vive la misión desde la eclesialidad y la secularidad. El fiel cristiano laico concreta de manera propia y particular estas dos dimensiones. En este sentido, la presencia en la vida pública adquiere gran importancia en la vivencia de la vocación laical.

Hemos de activar procesos de diálogo con la sociedad civil y cuidar especialmente que nuestro compromiso en la vida pública no quede excluido del acompañamiento por parte de nuestras comunidades de referencia. También se ha valorado como fundamental articular procesos de diálogo entre la fe y la ciencia

En cuanto a los proyectos concretos, la promoción de foros y espacios de encuentro para los católicos comprometidos en el ámbito de la política puede ayudar eficazmente en la opción por la transformación de la realidad para la construcción del bien común. Un proyecto destacado guarda relación con el cuidado de la casa común, y para ello se propone la incorporación en la vida diocesana de órganos y acciones específicas para promoción de la ecología integral.

La presencia pública abarca igualmente internet y redes sociales. Promover, potenciar, profesionalizar y estructurar los contenidos de nuestra presencia en ellas a través de la generación de proyectos evangelizadores ha sido una de las propuestas más comentadas. Ello, sin olvidar las relaciones sociales ordinarias, que también son presencia pública.

  • Un Pentecostés renovado

Hemos vivido en estos meses una experiencia de discernimiento comunitario. Como Iglesia que peregrina en España, nos hemos puesto a la escucha del Espíritu y hemos caminado juntos –Pastores, Sacerdotes, Religiosos y Laicos–, con humildad, pero con el firme propósito de renovar nuestro compromiso evangelizador en este momento de la historia. Creemos verdaderamente que los laicos estamos llamados a ocupar un papel central ante los retos que nos plantea este momento. Lo hemos experimentado en el proceso previo que nos ha traído hasta aquí. Es nuestro momento y somos nosotros los elegidos. Nos sentimos gozosos por sabernos llamados a través de la vocación bautismal a desarrollar nuestra misión y a descubrir cuál es el mensaje que Dios quiere seguir transmitiendo al mundo con nuestra vida personal y comunitaria.

Sabemos que el camino no es sencillo. Pero a la vez es ilusionante. Así lo muestran las muchas horas de dedicación y los muchos desvelos de tantos laicos en las Diócesis y en Asociaciones y Movimientos que hemos trabajado con la finalidad de participar en este Congreso y con el deseo de vivirlo como un momento de gracia, del que debemos salir con el compromiso compartido de seguir potenciando el papel de laicado en la Iglesia que peregrina en España.

La mies es mucha, ciertamente. Los Itinerarios que hemos recorrido en estos días nos han mostrado que existen nuevas preguntas sobre las que hemos de reflexionar, en comunión, para encontrar respuestas. Pero en ellos hemos podido  contemplar la riqueza de la Iglesia, con muchas experiencias pastorales interesantes y necesarias que buscan dar respuesta a necesidades concretas, siempre en cumplimiento de la misión encomendada.

Comunión, esa es la clave. Hemos de proponer caminos de manera unida, coordinada, desde una mirada profunda, aprendiendo los unos de los otros, creando espacios compartidos de escucha, estudio, trabajo, servicio, activando procesos y poniendo en marcha proyectos pastorales ricos y fecundos que nos ayuden eficazmente a reaccionar ante lo que Dios nos está pidiendo.

Soñemos juntos. Recordemos las palabras que el Papa Francisco les decía a los jóvenes –y, a través de ellos, a todos los que formamos la familia de la Iglesia–, en el número 166 de Christus Vivit:

 “A veces toda la energía, los sueños y el entusiasmo de la juventud se debilitan por la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas, sentimientos heridos, lamentos y comodidades. No dejes que eso te ocurra, porque te volverás viejo por dentro, y antes de tiempo. Cada edad tiene su hermosura, y a la juventud no pueden faltarle la utopía comunitaria, la capacidad de soñar unidos, los grandes horizontes que miramos juntos.”

 No perdamos la capacidad de seguir soñando juntos. Este proceso tiene ahora una clara continuidad. No hemos acabado con este Congreso, sino que constituye el punto de partida de nuevos caminos. Los cuatro itinerarios serán los hitos que habremos de desarrollar en los próximos años en la pastoral con el laicado y, concretamente, desde las Delegaciones de Apostolado Seglar.

Tenemos que salir de este lugar donde hemos estado estos días con el propósito de llegar, en primer lugar, a todos esos hermanos nuestros de nuestras diócesis, parroquias, movimientos, colegios, instituciones, a los cuales representamos y tratar de comprender que hay un camino ya recorrido, pero que queda otro más importante aún por andar y que queremos hacer juntos, como Pueblo de Dios. Sin perder nuestro carisma, sin renunciar a nuestra espiritualidad, sin abandonar nuestros propios proyectos, pero soñando juntos.

En las aportaciones al Documento-Cuestionario preparatorio del Congreso hemos detectado inquietudes compartidas; en el Instrumento de Trabajo, partiendo de ellas, hemos concretado líneas de acción; en las reflexiones formuladas en los grupos de reflexión hemos planteado nuevas propuestas. Ahora debemos dar forma a todo ello, siguiendo la misma metodología sinodal, para ir profundizando de manera organizada en los diferentes desafíos identificados, que nos planteamos a partir de este momento como objetivos que debemos asumir e ir abordando en los próximos años con periodicidad prefijada.

No lo olvidemos, hemos iniciado un proceso. Un proceso que continúa abierto y nos exige seguir caminando como Pueblo de Dios en Salida.

Somos conscientes de que ha sido y es un proceso guiado por el Espíritu, presente desde el principio. Valiéndose de nuestras virtudes e, incluso, de nuestras debilidades, ahora nos seguirá acompañando para llevar a nuestras realidades de procedencia lo que hemos vivido estos días. Sacerdotes, Laicos y Consagrados, guiados por nuestros Pastores, tenemos la tarea, que se nos encomienda hoy, de abordar la evangelización desde el primer anuncio, de crear una cultura del acompañamiento, de fomentar la formación de los fieles laicos, de hacernos presentes en la vida pública para compartir nuestra esperanza y ofrecer nuestra fe.

Hemos vivido en estos días un renovado Pentecostés. Los miedos, dudas o  prejuicios que hemos podido traer a este Congreso se han disipado al ver cómo el Señor, desde la sencillez de la Eucaristía, nos da fuerzas para la misión; al comprobar cómo el Espíritu, disponible para quien lo invoca sinceramente, actúa con eficacia; al sentir cómo María, siempre oculta pero presente, nos alienta y reconforta como en el Primer Pentecostés. Sigamos adelante. No estamos construyendo para hoy. No estamos trabajando para mañana. Estamos forjando un camino para la eternidad.

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Hoy, en #Laicos2020: ponencia final y eucaristía de clausura https://www.pueblodediosensalida.com/hoy-en-laicos2020-ponencia-final-y-eucaristia-de-clausura/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=hoy-en-laicos2020-ponencia-final-y-eucaristia-de-clausura Sun, 16 Feb 2020 09:13:33 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=238058 La tercera y última jornada del Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida” estará centrada en la exposición de las conclusiones en la ponencia final. Para terminar tendrá lugar una Eucaristía a las 12.00 horas que será retransmitida por TRECE TV. Programa del domingo 16 de febrero de 2020 30 h.: Acogida y animación....]]>

La tercera y última jornada del Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida” estará centrada en la exposición de las conclusiones en la ponencia final. Para terminar tendrá lugar una Eucaristía a las 12.00 horas que será retransmitida por TRECE TV.

Programa del domingo 16 de febrero de 2020

  • 30 h.: Acogida y animación.

 

  • 00 h.: Presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar.

 

  • 10 h.: Ponencia final

Comunicadores de la ponencia:

  • Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona.
  • Ana Medina, periodista de TRECE

 

  • 15 h.: Descanso.

 

  • 12:00 h.: Eucaristía de clausura

Presidida por el cardenal Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE.

La acción de gracias la dirá Pilar Rodríguez-Carretero Luna.

Oración de envío.

 

  • 14:30 h.: Comida.

 

  • Final del Congreso.

 

Después de la reflexión, la conclusión

A partir de las 9.30 de la mañana será el momento de una breve acogida a los participantes ya que a las 10.00 horas será la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar.

A las 10.10 horas empezará la ponencia final. Esta ponencia ha sido terminada a lo largo de la pasada noche, a partir del trabajo de los congresistas del sábado, y consta de dos aportaciones. La elaborada a partir de las inquietudes recogidas en las aportaciones al documento de trabajo previo de las diócesis, asociaciones y movimientos; y el texto que se ha   sobre el trabajo realizado el sábado, en el que se ha dado respuesta a las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer?

Los moderadores y los secretarios de cada grupo de trabajo han planteado de manera sintetizada esas propuestas. Las mismas fueron recibidas por miembros del equipo de contenidos que, junto al equipo de la ponencia final y los responsables de cada uno de los itinerarios, las sintetizaron y las han plasmado en esta ponencia final.

El resultado final de este trabajo será comunicado por  Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE TV.

A partir de esta ponencia comienza la tercera fase. Es el objetivo fundamental de lo que se quiere construir: el post-congreso.

 

El Congreso acabará con la celebración de la Eucaristía

El Congreso de Laicos 2020 finalizará con una Eucaristía que dará comienzo a las 12.00 horas presidida por el cardenal Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE. Esta será retransmitida por TRECE TV.

La acción de gracias de la misa la dirá Pilar Rodríguez-Carretero Luna.

El cardenal Blázquez hará la oración de envío con la que concluirá el encuentro.

 

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80 grupos de reflexión, 10 líneas temáticas y 4 itinerarios https://www.pueblodediosensalida.com/la-segunda-jornada-comienza-con-la-eucaristia/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=la-segunda-jornada-comienza-con-la-eucaristia Sat, 15 Feb 2020 13:11:45 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=211671 La jornada de hoy, sábado 15 de febrero, ha comenzado por la Eucaristía. Ha estado presidida por el secretario general de la CEE, Mons. Luis Argüello, y ha estado concelebrada por los obispos y sacerdotes llegados de toda España que participan en el Congreso. Mons. Argüello ha afirmado en la homilía que «el Señor nos...]]>

La jornada de hoy, sábado 15 de febrero, ha comenzado por la Eucaristía. Ha estado presidida por el secretario general de la CEE, Mons. Luis Argüello, y ha estado concelebrada por los obispos y sacerdotes llegados de toda España que participan en el Congreso.

Mons. Argüello ha afirmado en la homilía que «el Señor nos propone vivir en comunión, salir en misión, descentrarnos de nosotros mismos. Esto solo es posible si somos sostenidos por la Gracia del Señor».  Además, ha señalado al Evangelio como eje central de todo: «el Evangelio nos muestra uno de los latidos del corazón de Cristo: la conmoción de sus entrañas al salir a los caminos y ver que los hombres y las mujeres están abatidos, como ovejas sin pastor».

Mons. Argüello ha recordado las tentaciones del clericalismo y la autorreferencialidad: «el Señor nos propone vivir en comunión y salir en misión con alegría pero también con conmoción de entrañas por lo que pasa a nuestro alrededor».

Por último, el secretario general de la CEE, ha concluido la Homilía diciendo: «aquí traemos las heridas del mundo para verlas con Cristo, para que el pan y el vino nos lance a patear las calles, como ayer nos invitaba el papa Francisco».

 

Comienzan los itinerarios

Tras la celebración de la Eucaristía, los 2.000 congresistas han comenzado el “recorrido” de cada uno de los cuatro itinerarios. La primera parada han sido las charlas para presentarlos. Para ello, los participantes se han dividido en cuatro grupos de 500 personas cada uno.

Los que han elegido el itinerario 1, Primer Anuncio, han escuchado la charla impartida por Xavier Morlans, profesor de la Facultad de Teología de Cataluña, en Barcelona.

Con el término “primer anuncio”, ha señalado que “se quiere designar una realización especifica de la sacramentalidad o eficacia de la Palabra de Dios, es decir, un núcleo fundamental de la Palabra de Dios que tiene una doble función ya que es a la vez “Generador” del primer encuentro con Jesucristo y “Realimentador” de la vida con y en Cristo. De hecho este es el significado original de la palabra “Evangelio” y de la palabra “kerigma”. Proponemos alternar el término “primer anuncio” con el término “Anuncio” o “Anuncio cristiano”.

Covadonga Orejas, del Equipo Ruaj, ha sido la encargada de introducir el itinerario 2, “Acompañamiento”.

“La mediación de Acompañamiento -ha explicado- es indispensable hoy para crecer, vivir y convivir en inclusión y como gran familia presidida por ese Dios – Presencia misteriosa que siempre acompaña (cf. Lc 24). No podemos tomarlo como una moda, ni llamar a todo acompañamiento. El Acompañamiento existe desde siempre. En la situación actual, lo redescubrimos con mayor fuerza y necesidad”.

El itinerario, “Procesos formativos”, ha sido presentado por Gabino Uríbarri Bilbao, de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) y de la Comisión Teológica Internacional (Roma).

El punto de partida de la exposición ha sido: “la fe es un tesoro que genera alegría”. “Hemos sido agraciados y estamos alegres. Se nos ha concedido gustar «la alegría del evangelio» (papa Francisco, Evangelii gaudium). La alegría es la palabra fetiche para la misión en el magisterio del papa Francisco”.

De la presentación del itinerario 4, “Vida pública”, se ha encargado Agustín Domingo Moratalla, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia.

Partiendo de su propia vivencia como profesor, educador, padre de familia, esposo y laico con experiencia de gestión pública y política; ha querido aprovechar para recordar que los laicos militantes y “confesadamente” católicos viven su condición en contextos marcados por una secularización compleja y una soledad “algo” dramática.

 Turno de las experiencias

 La segunda parada de los congresistas, sobre las 10.45 horas, ha sido para conocer las experiencias y los testimonios en torno a las 40 líneas temáticas del Congreso. Los participantes se han dividido en grupos más pequeños, de 50 personas por cada línea.

Los que hacen el primer itinerario han podido elegir para las experiencias entre estos diez temas: el primer anuncio en el diálogo con personas del entorno cotidiano; propuestas específicas de primer anuncio desde ámbitos eclesiales; el primer anuncio en el contexto de la preparación pre-sacramental; el despertar religioso en las familias; el primer anuncio a jóvenes; primer anuncio en los centros educativos; el primer anuncio con motivo de las prácticas y vivencias de religiosidad popular; el primer anuncio en la atención a personas en situaciones límites; la experiencia del primer anuncio en países de misión y transmitir el Kerygma mediante el arte y nuevas disciplinas.

Para el segundo itinerario se han presentado experiencias sobre los siguientes temas: el acompañamiento en procesos de iniciación cristiana; en la familia; desde los centros educativos; a jóvenes; en situaciones de sufrimiento y soledad; en situaciones de precariedad y vulnerabilidad; de personas con diversidad funcional; en el discernimiento vocacional; en diálogo con la increencia y el acompañamiento de los acompañantes.

Del tercer itinerario los participantes han podido elegir entre los siguiente temas: una formación para toda la vida: itinerarios desde la infancia hasta la adultez; formación sistemática de equipos de fe-vida en los movimientos apostólicos: el Método de Encuesta, la Revisión de Vida y el Proyecto Personal de Vida Cristiana; formación de formadores; la formación en el corazón de la vida; el itinerario de Formación Cristiana para Adultos como herramienta de formación integral y permanente; la formación en Doctrina Social de la Iglesia; formación para la oración; en el seno de la familia; de los profesionales y tiempo libre y formación.

En cuanto al itinerario cuatro los participantes que hayan elegido este camino, han conocido experiencias relativas a la presencia en la vida pública: el compromiso en la política y en el mundo asociativo; en el mundo del trabajo y en los sindicatos; con la familia y en la vida; con las personas en situaciones de pobreza; con las personas migrantes; con el cuidado del planeta; en la educación y ante la economía y el consumo; además de cómo crear pensamiento transformador de la realidad y hacia una presencia transformadora en medios de comunicación y redes sociales.

Este recorrido ha terminado con los grupos de reflexión. Los congresistas se han vuelto a dividir para formar 80 grupos de 25 personas en cada uno. En estos grupos,  debatieron en torno a las tres preguntas clave para llegar a conclusiones prácticas después del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer?

 

Un Congreso amenizado con música

 Y en las paradas de este recorrido, la música. Entre charlas, experiencias y testimonios, y la reflexión por grupos han tocado diferentes músicos católicos contemporáneos. Las actuaciones han estado coordinadas por Jesús Cabello, David Santafé y Unai Quirós.

 

Por la tarde, otro itinerario

 Las sesiones de la mañana y la tarde se organizan del mismo modo, para que cada congresista pueda seguir los dos itinerarios que ha elegido previamente. De las 16.00 a las 20.00 horas harán el recorrido.

La jornada se cerrará con música. A las 21.30 horas comenzará un concierto con las actuaciones de Grilex, Hakuna, Olga Martínez, Gaby Soñer, Chito Morales (Brotes de Olivo y Fermín Negre (IXCIS), Bombaii, Amanecer, María Vasán, Sara y Mingos, Toño Casado, Unai Quirós, Jesús Cabello y Mabelé, cuya canción “Misión” se ha convertido en el himno del congreso de Laicos.

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En el Congreso de #Laicos2020 contamos Experiencias https://www.pueblodediosensalida.com/en-el-congreso-de-laicos2020-contamos-experiencias/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=en-el-congreso-de-laicos2020-contamos-experiencias Sat, 15 Feb 2020 09:55:08 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=213576 Las sesiones de la mañana y la tarde se organizan del mismo modo, para que cada congresista pueda seguir los dos itinerarios que ha elegido previamente. Después de escuchar la charla inicial de cada itinerario, ha comenzado la segunda fase: las experiencias y testimonios de las 40 líneas temáticas del congreso, donde participan 50 personas...]]>

Las sesiones de la mañana y la tarde se organizan del mismo modo, para que cada congresista pueda seguir los dos itinerarios que ha elegido previamente. Después de escuchar la charla inicial de cada itinerario, ha comenzado la segunda fase: las experiencias y testimonios de las 40 líneas temáticas del congreso, donde participan 50 personas por cada línea.

 

¿Quiéres conocer todas las experiencias?

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Itinerario 3: Procesos formativos https://www.pueblodediosensalida.com/itinerario-3/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=itinerario-3 Sat, 15 Feb 2020 09:33:44 +0000 https://www.pueblodediosensalida.com/?p=212898 https://youtu.be/nG7WmVe3-Xc Itinerario 3: La formación de los laicos para ser Iglesia en salida Gabino Uríbarri Bilbao, SJ. Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Comisión Teológica Internacional (Roma) 1.Presupuesto: la fe es un tesoro que transmitir Comencemos por la Escritura, con unas palabras de Nuestro Señor Jesucristo, que nos sitúen: «El reino de los cielos es semejante a...]]>

Itinerario 3: La formación de los laicos para ser Iglesia en salida

Gabino Uríbarri Bilbao, SJ. Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Comisión Teológica Internacional (Roma)

1.Presupuesto: la fe es un tesoro que transmitir

Comencemos por la Escritura, con unas palabras de Nuestro Señor Jesucristo, que nos sitúen:

«El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel» (Mt 13,44).

La fe es un tesoro que genera alegría. Este es nuestro punto de partida. Hemos sido agraciados y estamos alegres. Se nos ha concedido gustar «la alegría del evangelio» (papa Francisco, Evangelii gaudium). La alegría es la palabra fetiche para la misión en el magisterio del papa Francisco[1].

La dinámica inherente a la alegría del tesoro de la fe es su transmisión. No solamente porque es un mandato expreso del Señor (ej. Mt 28,19-20), sino porque es lo que surge espontáneamente de un corazón bueno.

Desde el Concilio Vaticano II ha quedado nítidamente claro que la misión eclesial compete a todos los cristianos. El bautismo capacita e impulsa a todos a ser misioneros: «La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación también al apostolado» (AA 2; cf. además LG 10-12; 33-35; AA completo).

2. Requisito para ser iglesia en salida: Confianza en la propia Fe

Sin estar realmente convencidos de la bondad de la propia fe no la podremos transmitir. Mi impresión personal es que en este punto no siempre estamos bien en la media de la Iglesia española. En eso se apoyan los anuncios. Si una cadena de supermercados me soluciona mucho la vida, lo digo con toda claridad y lo argumento. Sin embargo, tendemos a relegar la fe al ámbito de la vida privada. La entendemos como un asunto muy personal, privado, íntimo, en el que no osamos inmiscuirnos, a no ser que se nos pregunte.

2.1.Tres interpelaciones

Vamos a confrontarnos con tres testimonios que nos interpelan para una conversión misionera:

  1. El teólogo protestante W. Pannenberg (1928-2014) dice así en el prefacio para la edición española de su obra Teología Sistemática:

«El cristianismo de los Padres se sabía en alianza con la verdadera razón frente a una cultura en decadencia. Esta era la situación de la Antigüedad tardía. Pero, ¿no es también la de nuestra época?»[2].

Con «los Padres» se refiere a los grandes teólogos de los primeros siglos del cristianismo. Los cristianos de los primeros siglos pensaban que la fe cristiana iba pareja con la razón. Es decir, pensaban que en la fe se daba la verdad. Una persona cabal se daría cuenta de ello. Si no, era posible argumentar racionalmente para convencerla.

Como resultado extraigo una primera conclusión: una fe que no se considere la mejor aliada de la verdad y la razón difícilmente atrae. Si es aliada de la verdad y de la razón no hay motivo alguno para no mostrarlo de un modo público.

  1. El teólogo católico E. Biser (1918-2014) afirma que el problema principal para el futuro de la fe es una «herejía emocional», que describe en estos términos.

«Y es que la fe no corre peligro con una interpretación equivocada del dogma ni con un comportamiento moral deficiente, sino que, ateniéndonos a la experiencia general, el peligro mayor deriva sobre todo del derrotismo religioso, que no otorga a esa fe energía alguna capaz de configurar la vida y el futuro, a la vez que lo desconcierta en forma de crisis de confianza. Cuando lo que debería encontrarse en la fe es un impulso inagotable al coraje, un motivo de seguridad y alegría y, en buena medida, también un estímulo a la autocomunicación dialógica y operativa es una paralización la que afecta a los corazones de los hombres, mientras que un triste velo gris parece caer sobre la realidad de toda su vida»[3].

El tono gris, no atrae ni impele a salir a anunciar. Una fe, en la que no se confía y que no se la cree interesante y capaz de plenificar la vida de todos, no atrae. Si acaso llega a ofrecerse a otros, se propone ya derrotada de antemano. Una vivencia desalentada, mortecina y resignada ni atrae ni impele a la misión.

  1. Veamos ahora lo que dice un estudioso de la antigüedad agnóstico, profesor de clásicos en Oxford. En su obra Paganos y cristianos en una época de angustia[4], E. R. Dodds (1893-1979) se pregunta ¿qué hizo atractivo al cristianismo en la antigüedad desde el punto de vista psicológico? ¿Qué ofrecía el cristianismo que no ofreciera la tradición clásica, en muchos puntos convergente con las posturas cristianas? He aquí sus dos afirmaciones principales:

«Lo que asombraba a todos los primeros observadores paganos —Luciano y Galeno, Celso y Marco Aurelio— era la confianza total que ponían los cristianos en unas afirmaciones no probadas, su disposición a dar la vida por algo que nadie podía demostrar»[5].

«El cristianismo, por otra parte, se presenta como una fe que merece la pena vivir porque es también una fe por la que merece la pena morir»[6].

Lo que más llama la atención de los paganos es la fe que los cristianos tienen en su propia fe, hasta el punto de ser capaces de morir por ella. Una fe vergonzante y acobardada no atrae. Una fe sin parresía no atrae. La parresía es la valentía, la franqueza y el ímpetu para proclamar algo públicamente, sin tapujos[7]. Junto con esto, también destaca el sentido comunitario[8].

2.2.Conclusión

Dicho de modo negativo, si los cristianos vivimos convencidos de que nuestra fe no es la verdad; la vivimos descorazonadamente, prediciendo su declive, en clave de derrota; y si no estamos dispuestos a darlo todo por lo que la fe promete, nuestro anuncio no será atractivo. Positivamente: la convicción alegre de que en la fe se nos ha dado la verdad para todos, que a todos interesa y hace bien genera energías y condiciones favorables para la transmisión de la fe. Aquí vale más lo que se percibe por ósmosis que las propias palabras; el perfume que se respira cuenta más que la verbalización[9].

3.Nuestro Contexto: trampas y posibilidades para ser iglesia en salida

Para situar nuestro tema parto de una clave y, a continuación, resalto dos aspectos de nuestro contexto, de gran relevancia para la transmisión de la fe[10].

3.1.La clave: «Emitir» o no «emitir», esa es la cuestión

Nuestra fe nos pide emitir. Y esto incluye el lenguaje verbal, por supuesto, pero también el corporal, los lugares donde se va, el ritmo de vida, el modo de gasto, de ser familia, mi comportamiento en el ámbito profesional, etc. En general, pienso que nos da miedo emitir, porque nos da miedo que no interesemos a nadie y quedemos en ridículo. O pensamos que nuestra apariencia, la fe, no es atractiva, no es para hoy, no tiene gancho, no es interesante, etc. Sin emitir es muy difícil evangelizar.

3.2.Sed de espiritualidad

Vivimos en una sociedad en la que se da una sed bastante extendida de bienestar, frente a la amenaza permanente de la frustración, de la depresión, de la ansiedad. El individuo en la sociedad líquida posmoderna (Z. Bauman) vive sobrecargado y sobre exigido (U. Beck). La proliferación de ansiolíticos y terapias de todo tipo (couching, mindfulness, wellness, fisioterapia, terapias psicológicas) no es sino un síntoma revelador. Queremos ser felices, sentirnos bien con nosotros mismos. Pero la vida con frecuencia nos lo pone cuesta arriba.

Si nosotros tenemos un tesoro que genera alegría, aquí se nos abren posibilidades de darlo a conocer, a no ser que a nosotros la fe cristiana no nos suponga ningún beneficio, ningún tipo de salvación. Pero si vivimos la fe cristiana desde la alegría de haber encontrado un tesoro, de haber sido tocados por la gracia, entonces podemos compartir lo que a nosotros nos ayuda, tanto personalmente como comunitariamente. En momentos de soledad, de crisis, de enfermedad, de dificultades; pero también para ser felizmente familia (Amoris laetitia), para vivir un día a día ordinario pleno (Gaudete et exsultate), para hacer un mundo sostenible para todos, empezando por los pobres (Laudato Si’).

3.3.¿Anunciar o respetar?

En España vivimos en una sociedad cada vez más pluralista, en todos los terrenos, especialmente en el ámbito de las cosmovisiones y la religión. La única manera de vivir en paz en una sociedad pluralista radica en el cultivo de la tolerancia. Sin embargo, no pocos han extraído de la tolerancia, que busca ser un modo civilizado de organizar la convivencia, como conclusión el relativismo, que tiene que ver con la verdad y los valores. Respetarnos mutuamente y ser tolerantes con quienes piensan distinto, no significa necesariamente que todas las posturas automáticamente sean equidistantes de la verdad y de lo bueno; o que el bien y la verdad no existan. Cuando se internaliza el pensamiento del relativismo, el anuncio, la misión cristiana, pierde todo sostén.

Hay tres aspectos que correlacionan absolutamente: la convicción de haber sido agraciados con la verdad: la verdad acerca de Dios, del hombre y del mundo; la convicción de que dicha verdad es universal, porque es la verdad auténtica y real; la necesidad de transmitir esta verdad a todos.

Simplificando: el relativismo socava las posibilidades de ser Iglesia en salida, Iglesia misionera. En ese caso, lo único posible sería compartir con otros amablemente, con el máximo gracejo posible, el bienestar emocional particular que a los cristianos nos proporciona la fe. Sin embargo, si hemos sido agraciados por medio de la revelación de Dios en Jesucristo con la verdad acerca de Dios, del hombre y del mundo[11], entonces la misión se impone como una exigencia inherente a la propia fe.

4.Tesis: Ser iglesia en salida requiere formación

La tesis que defiendo es muy sencilla: ser Iglesia en salida requiere formación. Ciertamente se necesita la experiencia personal de la misericordia del Señor, que genera alegría; se necesita la consolación, que impele a anunciar; se necesita la unción del Espíritu y sus dones, que dirigen el discernimiento y marcan el tono, las formas, las osadías y el modo de aprovechar las coyunturas propicias para el anuncio o crearlas. Sin embargo, además de la oración, del coraje, del compromiso eco-social, del testimonio personal de coherencia de vida, también necesitamos formación. Lo argumento en tres pasos.

4.1.«Yo soy una misión» (EG 273)

El primer paso consiste en una doble articulación. Primero, todos y cada uno de los cristianos somos una misión, somos misioneros en cuanto que cristianos bautizados. Claudicar de la misión es lo mismo que claudicar de la fe: cercenarla en un aspecto absolutamente sustancial. En este sentido dice el papa Francisco en Evangelii gaudium hablando a todos los cristianos: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (EG 273)[12].

Segundo, todos y cada uno hemos recibido la unción del Espíritu y, con la unción, unos dones particulares para el enriquecimiento y fortalecimiento de la Iglesia, y para aportar nuestro grano de arena en su misión. Dice así el texto preferido del Concilio Vaticano II del papa Francisco[13]:

«Además, el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Cor 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: “A cada uno… se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad” (1 Cor 12,7)» (LG 12).

Todos los cristianos somos ungidos por el Espíritu Santo. El Espíritu nos ha dado a cada uno algo especial, único. Se impone la obligación de descubrir ese don y ponerlo a fructificar para ser Iglesia en salida. La Iglesia en salida es la Iglesia pletórica de cristianos ungidos por el Espíritu que descubren que son una misión y la ponen humilde y diligentemente en práctica.

Descubrir la misión que yo soy exige escucha, discernimiento, pero también formación para desplegar esa misión, en la catequesis, en la vida pública, en la familia, como dirigente de mi comunidad, con los jóvenes, en el campo sanitario, en la cooperación internacional, en la dirección espiritual, etc.

4.2.Necesidad de formación

Según el auto examen que refleja el Instrumentum laboris del Congreso, que recoge aportaciones enviadas por 2.485 grupos, en los que han participado 37.000 personas, los laicos reconocen que necesitan mejorar la formación. Dice así su texto más claro:

«Por último, pero no por ello menos importante, descubrimos debilidad en lo que hace referencia a la formación. Experimentamos en este contexto la necesidad de una formación más plena, más auténtica y propia de la vocación laical, en la que la Doctrina Social de la Iglesia ocupe un lugar central junto con la profundización en la Palabra de Dios»[14].

  1. Sin un cultivo personal de la fe, no hay una fe madura. Ahora bien, la fe madura parece un requisito, que potencia su transmisión. Ser Iglesia en salida no requiere una fe perfecta, — ¿quién la tiene? —, ni erudita, – eso es para los expertos —, pero sí madura, bien encajada en el conjunto de la propia vida. Una fe madura supone una formación ajustada con el propio estilo de vida, la profesión, el nivel cultural, el ámbito de relaciones, el campo privilegiado en que realizo mi vida como misión.
  2. Para ser Iglesia en salida necesitamos conocer nuestra fe y saber proponerla. Esto es de Perogrullo. San Ignacio, pensando en los jesuitas, una orden misionera, insiste en que, sobre el testimonio personal y la vida virtuosa, es necesario conocer la doctrina cristiana y ejercitarse en modo más adecuado de proponerla, de anunciarla[15].
  3. La inculturación de la fe y el discernimiento necesario, que ha de modelar el hecho de que «yo soy una misión», exige formación. El gran teólogo Hans Urs von Balthasar (1905-1988) no fue nunca profesor en la universidad. Sin embargo, es uno de los más grandes teólogos católicos el siglo XX. Si publicó una obra teológica amplia y espléndida, fue porque se sentía apóstol: llamado a anunciar a Jesucristo. Fue teólogo para ser apóstol[16]. A todos nosotros se nos pide formarnos, ser teólogos en ese sentido, para ser misioneros, para ser Iglesia en salida. En un mundo cada vez más complejo, en una sociedad que se define a sí misma como del conocimiento, los cristianos no podemos ser ignorantes de nuestra fe. Igual que en toda profesión uno se ha de mantener al día, ya sea en la informática, en la medicina, en la enseñanza, etc., así también en nuestro conocimiento de la fe.

El papa Francisco define la misión muy primordialmente como inculturación de la fe[17]: «Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio» (EG 69). Cada ámbito propio de la cultura exige una inculturación de la fe, un discernimiento del modo de realizar la misión y una formación para realizar tanto el discernimiento como la inculturación. Por eso, cada uno habría de preguntarse honestamente por sus necesidades de formación, por sus carencias más notables.

Ser Iglesia en salida requiere, pues, una fe madura, con conocimiento de la misma, que discierne cómo se incultura de acuerdo con su campo privilegiado de misión: familiar, profesional, político, sindical, social, económico, medios de comunicación, sanitario, enseñanza, jóvenes, ecología, cooperación internacional, etc.

4.3.Dimensiones de la formación

De lo dicho hasta ahora se deducen dos puntos primordiales. Primero, todos necesitamos formación para ser Iglesia en salida. Segundo, la formación ha de ser personalizada, según las circunstancias personales y el campo de misión[18]. A continuación, indico algunas pistas, para ayudar a un discernimiento que personalice el tipo de formación que yo necesito para ser Iglesia en salida[19].

  1. Silencio. Necesitamos silencio. Todos. Sin silencio no hay profundidad. No hay encuentro con uno mismo. No hay encuentro con Dios. En una sociedad de la prisa, de la aceleración, del estrés, de la angustia, del bombardeo continuo, el silencio es fundamental. ¿Tengo espacios regulares y suficientes de silencio?
  2. Oración. Sin oración, sin relación con Dios, la fe se vuelve mortecina, no se renueva, se refresca, sino que se apaga. La oración incluye el silencio, pero no es solo silencio. En la oración cristiana la frecuentación de la Palabra de Dios, de diferentes formas, lectio divina, liturgia de las horas, contemplación, meditación, habrá de ocupar un espacio significativo. Junto con la Palabra de Dios los sacramentos, celebraciones eclesiales de la fiesta de la fe.
  3. Lectura. Las lecturas amplían y enriquecen mi mundo. Me ponen en contacto con grandes creyentes, que me animan y sirven de estímulo. Me proporcionan conocimientos que me ayudan a creer mejor, más consciente, más profundamente. Me ayudan a entender mejor la Escritura, los diversos artículos del credo o de la doctrina cristiana, la postura de la Iglesia en temas morales. Sin lectura, un programa de formación está cojo. Hemos de leer los principales documentos del papa y del magisterio; acerca de los temas candentes de nuestro tiempo; acerca de nuestra fe. Me impresionó mucho la tesis de un teólogo pastoral alemán con mucha experiencia. Decía, «contra tibieza, lectura espiritual». Sin leer no vamos a evangelizar la cultura.
  4. Revisión de vida y contraste. La formación es una empresa personal, desde luego, pero también comunitaria. La mirada desde fuera me contrasta, interpela, completa y complementa lo que yo veo. Por eso, los procesos de revisión de vida, de contraste en dirección espiritual o del modo que sean ayudan no solo a descubrir engaños, carencias, deficiencias y perezas. También espolean y son acicate, enriquecen y amplían el horizonte.
  5. Discernimiento. La clave está en el discernimiento, que orienta mi vida como misión. No se trata de saber más por prurito, sin que eso sea de por sí negativo. La curiosidad intelectual, en general, y sobre nuestra fe, en particular, es un elemento positivo. Sino de qué formación necesito para ser apóstol, para anunciar a Jesucristo, para vivir mi fe de modo maduro, para transformar según el evangelio la realidad en la que vivo.

Hemos de estar atentos a generar una sana ecología de crecimiento en la fe y en su dimensión misionera, evitando los dos grandes peligros que nos acechan: un activismo desenfrenado, que amenaza con quemarnos y que solamente transmitamos angustia y estrés; un cristianismo de grupo cerrado y cálido, de «comunidades estufa», que no interacciona con el entorno y no transmite la fe.

  1. Permanente. Puede haber periodos más intensos de formación, al hacer un curso o prepararme para una misión concreta. Sin embargo, en nuestra sociedad del conocimiento la formación ha de ser permanente. También como cristianos que somos una misión hemos de vivir la formación como un proceso continuo de crecimiento en la fe: en la coherencia con la misma, en su puesta en práctica para la transformación de la realidad, en el conocimiento sapiencial de la misma.
  2. Eclesial. La formación me hará crecer en sentido de pertenencia, en comunión eclesial. Me pondrá en camino de ser más Iglesia. En este sentido se puede denominar sinodal. La palabra «sínodo» viene de syn: con; y odos: camino. Sínodo entonces significa caminar juntos, escucharnos unos a otros, apoyarnos unos a otros, avanzar juntos. Lo contrario del espíritu sinodal es el francotirador. La misión es individual y comunitaria simultáneamente. La formación nos ha de preparar para realizar tanto la dimensión personal como la comunitaria de la misión de ser Iglesia en salida.
  3. Profética. La formación ayudará a transformar, mediante signos proféticos, la realidad según el evangelio. No se trata de saber más, sino de ser más y mejores cristianos. Lo cual implica la transformación de la realidad. Esta no se dará sin la conjunción de vida y misión.
  1. Personal. Finalmente, la formación ha de ser personal, pues su sentido estriba en potenciar mi vida cristiana, mi vocación como cristiano, como bautizado, maduro, adulto, responsable, que anuncia a Jesucristo, como el Señor de su vida, como el tesoro que le colma de alegría.

[1] He aquí algunos documentos muy significativos: exhortación apostólica Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013); carta encíclica Laudato Si’ (24 de mayo de 2015); exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia (19 de marzo de 2016); constitución apostólica Veritatis gaudium (8 de diciembre de 2017); exhortación apostólica Gaudete et exsultate (19 de marzo de 2018). Más detalles en G. Uríbarri, Santidad misionera. Fuentes, marco y contenido de Gaudete et exsultate, Santander, Sal Terrae 2019.

[2] Teología sistemática I, U.P. Comillas, Madrid 1992, XXXI (original 1988).

[3] Prognóstico de la fe, Herder, Barcelona 1994, 16 (original 1991). Véase también L. González Carvajal, «El sujeto evangelizador en un mundo globalizado», en G. Uríbarri (ed.), Contexto y nueva evangelización, Desclée – U. P. Comillas, Bilbao – Madrid 2007, 101-122.

[4] Cristiandad, Madrid 1975 (original 1963).

[5] Dodds, 159.

[6] Dodds, 173.

[7] Cf. G. Uríbarri, El mensajero. Perfiles del evangelizador, Desclée – U. P. Comillas, Bilbao – Madrid 2006, 67-84.

[8] «Dentro de la comunidad se experimentaba el calor humano y se tenía la prueba de que alguien se interesa por nosotros, en este mundo y en el otro. No es, pues, extraño que los primeros y más llamativos progresos del cristianismo se realizaron en las grandes ciudades: Antioquía, Roma y Alejandría. Los cristianos eran “miembros unos de otros” en un sentido mucho más que puramente formulario. Pienso que ésta fue una causa importante, quizá la más importante de todas, de la difusión del cristianismo» (Dodds, 179).

[9] Cf. G. Uríbarri, «Gratos son al olfato tus perfumes» (Cant 1,3). Considera­ciones apasionadas sobre «Juventud y Vida Religiosa»: Sal Terrae 82 (1994) 473-485.

[10] Para un análisis más amplio, véase la bibliografía manejada en G. Uríbarri, La mística de Jesús. Desafío y propuesta, Sal Terrae, Santander 2017, 35-83; Id., Teología de ojos abiertos. Doctrina, cultura y evangelización, Sal Terrae, Santander 2020, 55-69.

[11] Cf. G. Uríbarri, «Jesucristo, mediador y plenitud de toda la revelación», en A. del Agua Pérez (ed.), Revelación, Tradición y Escritura. A los cincuenta años de la «Dei Verbum», BAC, Madrid 2017, 80-118.

[12] En la misma línea, en Gaudete et exsultate, dedicado a la santidad misionera: «Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti el misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy» (GE 23).

[13] Lo dice en la entrevista concedida a A. Spadaro. Manejo la edición: Papa Francisco, «Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos», Mensajero, Bilbao 2013, 14.

[14] Instrumento de trabajo para la preparación de Congreso de Laicos 2020 «Pueblo de Dios en Salida», § 27. Negrita y cursivas en el original . Sobre la necesidad de formación para ser Iglesia en salida dice el papa Francisco: «Todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. En ese sentido, todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente; pero eso no significa que debamos postergar la misión evangelizadora, sino que encontremos el modo de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en que nos hallemos». (EG 121; subrayado mío).

[15] «Siendo el escopo [fin] que derechamente pretende la Compañía ayudar las ánimas suyas y de sus prójimos a conseguir el último fin para que fueron criadas, y para esto, ultra del ejemplo de vida, siendo necesaria doctrina y modo de proponerla, después que se viere en ellos el fundamento debido de la abnegación de sí mismos y aprovechamiento en las virtudes que se requiere, será de procurar el edificio de letras y el modo de usar de ellas, para ayudar a más conocer y servir a Dios nuestro Criador y Señor» (Ignacio de Loyola, Constituciones de la Compañía de Jesús, § 307).

[16] Cf. A. Cordovilla, Hans Urs von Balthasar: Ser teólogo para poder ser apóstol: Revista Internacional de Pensamiento y Cultura, Communio Nueva Época 1 (2006) 77-90.

[17] Cf. J. C. Scannone, La teología del pueblo. Raíces teológicas del papa Francisco, Sal Terrae, Santander 2017, 219-232; G. Uríbarri, Santidad misionera, 69-72.

[18] Cf. el amplio y exigente panorama que describe el Instrumento de trabajo para la preparación del Congreso de Laicos 2020, § 67.

[19] Otras pistas, en Instrumento de trabajo, § 86-88.

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