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Itinerario 1: El primer anuncio

Xavier Morlans, de la Facultad de Teología de Cataluña/ Hospital de Campaña Sta Ana, Barcelona

La reintroducción del primer anuncio en la pastoral ordinaria de la Iglesia católica. Redescubrimientos y conversiones. 

Con el término “primer anuncio” se quiere designar una realización  especifica de la sacramentalidad o eficacia de la Palabra de Dios, es decir, un núcleo fundamental de la Palabra de Dios que tiene una doble función: “Generador” del primer encuentro con Jesucristo y  “Realimentador” de la vida con y en Cristo.

  1. Primer redescubrimiento: el cristianismo como religión revelada

1.1.  El cristianismo como religión revelada y transmitida por hechos y palabras

1.2.  La relación sacramental de Dios y con Dios

1.3.  La sacramentalidad de la Palabra

1.4. La relación entre la sacramentalidad de la Palabra de Dios y los   sacramentos

1.5. Núcleo fundamental de la Palabra

1.5.1. El origen y la existencia de este núcleo

1.5.2. Los nombres de este núcleo

  1. Evangelio
  2. Kerigma
  3. Primer anuncio
  4. El Anuncio

 

  1. Segundo redescubrimiento. Identidad y funciones del primer anuncio

2.1. Lo específico del primer anuncio en relación a otras formas del hablar cristiano como son la catequesis o la teología

  1. Carácter pro-vocativo
  2. Una llamada que pone ante el Resucitado en presente aquí y ahora
  3. El primer anuncio como contenido, acontecimiento y forma
  4. La dimensión social del primer anuncio

  2.2. Las cuatro funciones del primer anuncio

  1. Puerta de entrada para acceder a la experiencia cristiana
  2. Fundamento permanentemente activador de toda la vida cristiana,
  3. Criterio para discernir y establecer la jerarquía de las verdades dogmáticas, catequéticas y morales
  4. Forma de vivir y proponer la vida cristiana

 

  1. Conversiones requeridas para la reintroducción del primer anuncio en la pastoral ordinaria católica
    • Conversión intelectual: no toda acción es consecuencia de un pensamiento
    • Conversión teologal: el primer anuncio tiene su máxima realización y eficacia en el sacramento pero a la vez tiene una realización germinalmente eficaz fuera de la liturgia en la vida cotidiana
    • Conversión pastoral: superar la afirmación “se evangeliza más con hechos que con palabras” y substituirla por “se empieza a evangelizar con hechos y cuando llega el momento con la Palabra”

 

  1. Redescubrimiento del laicado como principal protagonista del primer anuncio en los ambientes cotidianos.

            4.1. El laico como sacerdote, profeta y pastor

            4.2. El primer anuncio como parte del ejercicio del profetismo laical

            4.3. La mayor red de evangelizadora en el día a día: el laicado

 

  1. Visión global: El primer anuncio en relación a la pastoral más urgente en este momento en las parroquias, movimientos, comunidades y asociaciones
    • Primer anuncio e itinerarios de iniciación como propuesta permanente a los cristianos habituales
    • Testimonio y primer anuncio hacia lejanos y alejados. Diez modalidades de primer anuncio

            5.3. Oferta de itinerarios de iniciación cristiana a los que regresan o se acercan

     

Afirmación central

Con el término “primer anuncio” se quiere designar una realización  especifica de la sacramentalidad o eficacia de la Palabra de Dios, es decir, un núcleo fundamental de la Palabra de Dios que tiene una doble función ya que  es a la vez:

a) “Generador” del primer encuentro con Jesucristo y

b) “Realimentador” de la vida con y en Cristo.

De hecho este es el significado original de la palabra “Evangelio” y de la palabra “kerigma”. Proponemos alternar el término “primer anuncio” con el término “Anuncio” o “Anuncio cristiano”.

  1. Primer redescubrimiento: El cristianismo como religión revelada

 1.1 El cristianismo como religión revelada transmitida por hechos y palabras

En lo relativo al primer anuncio se manifiesta la esencia del cristianismo como religión revelada que transmite la intervención del amor salvador de Dios, desde su momento fundacional hasta el día de hoy, a través de hechos y palabras.[1] El cristianismo, en contra de lo que muchos cristianos puedan creer, no es primordialmente una visión de la realidad aunque sin duda la comportará; el cristianismo no es el esfuerzo ético por ser mejores, aunque dará pie a ello; el cristianismo no consiste en la práctica de unos rituales para ganarse el favor de Dios. El cristianismo es fundamentalmente la cooperación existencial con la intervención salvadora de Dios en la historia de la humanidad que se realiza normalmente a través del testimonio, la Palabra y los signos sacramentales confiados a un pueblo, el Pueblo santo de Dios, la Iglesia. [2]

1.2. La relación sacramental de Dios y con Dios

En la pedagogía y el plan salvador de Dios su  iniciativa llega a las personas a través de mediaciones humanas que son fundamentalmente palabras y acciones. En contra de la moda actual, no existe en la revelación bíblica una experiencia directa, inmediata de Dios. Dios siempre se comunica por medio de signos, acciones o palabras que el profeta recibe y que debe trasladar al pueblo. Esta forma de actuar de Dios se llamará con el lenguaje técnico de la teología: sacramental. Un sacramento es una realidad visible o audible que hace presente el amor y la salvación de Dios. Sacramental quiere decir que produce lo que significa. [3]

El primer y gran sacramento de la comunicación de Dios y con Dios es Jesucristo, Hijo de Dios en su singular humanidad. Pero para adaptarse a la condición humana, Jesucristo se comunica a la humanidad a través de un segundo gran sacramento o mediación histórica y visible que es su Pueblo santo, la Iglesia (LG 1 y  48). Este Pueblo santo siguiendo el mandato de Cristo y la inspiración del Espíritu Santo ha desplegado los siete sacramentos o signos visibles que comunican – aunque no exclusivamente – el amor salvador de Dios.

Existen además los llamados sacramentales, signos que participan de la eficacia sacramental como son las bendiciones de personas, lugares  u objetos. Todo en la manera de relacionarnos con Cristo es sacramental en el sentido de que esta urdido de palabras, signos o acciones que nos hacen llegar su llamada, su amor y que posibilitan nuestra respuesta y nuestro vivir con Él al servicio de los demás. Así usando un sentido analógico hablamos del “sacramento” del hermano o del “sacramento” del pobre porque como dijo Jesús lo que hacemos a uno de ellos se lo hacemos a Él (Mt 25, 40).

1.3. La sacramentalidad de la Palabra

En esta pedagogía y en este plan salvador de Dios existe una sacramentalidad o eficacia propia de la Palabra de Dios de la cual habló el papa Benedicto XVI en su Exhortación apostólica Verbum domini (2010) n. 56, refiriéndose sobre todo a la primera parte de la celebración Eucarística es decir a la Liturgia de la Palabra apenas redescubierta con el Concilio Vaticano II (1962-1965).[4]

Cristo está siempre presente a su Iglesia; sobre todo en la acción litúrgica. (…) Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla. (SC 7) [5]

Y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16). [6]

Benedicto XVI establece una comparación entre la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados, y la presencia de Cristo al proclamar su palabra. Esta presencia eficaz de Jesucristo en la proclamación de su Palabra y de alguna manera en la resonancia de ella que debe ser la homilía [7] es una forma del Anuncio renovado que toda persona cristiana debe oír para despertar y activar su comunicación vital con Cristo, que llegará a plenitud en la comunión con su Cuerpo y su Sangre.[8]

 

1.4. La relación entre la sacramentalidad de la Palabra de Dios y los sacramentos

Así pues, siguiendo a los principales teólogos del siglo XX, podemos decir que la Palabra de Dios engendra y despierta la fe y el sacramento la lleva a plenitud. [9] Así mismo lo corrobora el papa Francisco:

Ya hemos superado aquella vieja contraposición entre Palabra y sacramento. La Palabra proclamada, viva y eficaz, prepara la recepción del Sacramento, y en el Sacramento esa Palabra alcanza su máxima eficacia. (EG 174) [10]

Así en una visión global del proceso de la evangelización podemos afirmar este camino de progresión: El testimonio de vida – la presencia pública del cristiano con la práctica del amor y la solidaridad – hace creíble la fe, el anuncio de lo esencial de la Palabra engendra la fe, el itinerario catequético – con acompañamiento personal y formación – la hace crecer, y los sacramentos la llevan a plenitud y alimentan el compromiso de nuevos cristianos en la renovación de la humanidad y en el anuncio a otros.[11]

Por tanto, en todo lo relativo al inicio generador y al principio alimentador de la fe como seguimiento existencial de Cristo tendrá un papel clave la Palabra que llama, que convoca, que  interpela a la libertad de cada persona al seguimiento real e integral de Jesucristo.

1.5. El núcleo fundamental de la Palabra con características y funciones propias: “Evangelio” en su sentido original (Buena noticia),  “Kerigma” (pregón) o “primer anuncio”

 

1.5.1. El origen y la existencia de este núcleo

El núcleo fundamental de la Palabra de Dios viene de la misma predicación de Jesucristo centrada en la llamada a convertirse como sinónimo de aceptar la Buena noticia del Reino de Dios (Mc 1, 15). Con el anuncio del Reino (malkuta en arameo) en Jesús se realizaba ya el acontecimiento de la llegada de la acción misericordiosa de Dios que venía a cumplir lo anunciado por los profetas: la intervención de Dios a favor de todo pueblo empezando por los últimos, los pobres, los más desvalidos. Los milagros que hará Jesús son signos de que el Reino  o reinado de Dios misericordioso efectivamente está llegando.[12] Después de la muerte y resurrección de Jesucristo el núcleo fundamental de la Palabra pasará  ser precisamente el anuncio de que en esta muerte y resurrección, y en la donación del Espíritu Santo como gran don del Resucitado se ha cumplido ya,  aunque todavía no del todo, la venida del poder salvador de Dios en la historia de la humanidad. [13]

Sobre el fundamento de la Palabra de Dios ha escrito reiteradamente el papa Francisco en Evangelii Gaudium (2013).

El anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. (EG 35)

Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. (EG 165)

Este anuncio se puede proclamar de muchas y diversas maneras (EG 129) como hace Francisco a lo largo de Evangelii Gaudium, pero siempre hará referencia explícita a un núcleo fundamental:

Su  centro y esencia es siempre el mismo: el Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado. (EG  11)

Siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. (EG 128)

Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte. (EG. 164)

En una palabra, el Evangelio tiene un corazón (EG 34 y 36) que debe ser propuesto al corazón de todas las personas.[14]

1.5.2. Los nombres de este núcleo

A lo largo de la historia del cristianismo este núcleo fundamental de la Palabra de Dios ha recibido diferentes nombres.

  1. Evangelio

Cuando Pablo dice en su carta a los cristianos de Roma:

Pues no me avergüenzo del evangelio, que es fuerza (dínamis) de Dios para que se salve todo el que cree, tanto si es judío como si no lo es. Porque en él (el evangelio)  se manifiesta la fuerza salvadora (dikaiosine: justícia) de Dios a través de una fe en continuo crecimiento [15],

se está refiriendo a este núcleo fundamental : el amor de Dios manifestado y ofrecido en la muerte y la resurrección de Cristo que tiene la capacidad de ser eficaz en la situación de cada oyente.  La transmisión oral de este nucleó básico (acompañada del mejor testimonio de vida y de los oportunos signos del Espíritu)  hace posible el inicio y el mantenimiento vivo de la relación interpersonal y comunitaria con Jesucristo resucitado. El problema es que la palabra Evangelio, de tanto usarla a través de los siglos,  ha muerto de éxito, y hoy día ya no se asocia con ese concentrado oral que tiene la eficacia de propiciar o renovar la relación existencial con Cristo, sino que es sinónimo de uno o de varios libros que cuentan de forma catequética y con diversos matices teológicos la vida de Jesús.

 

  1. Kerigma

Existía al principio del cristianismo otra palabra equivalente a Evangelio, que se conserva sobre todo en los tres Evangelios sinópticos y en las cartas de Pablo: la palabra Kerigma que en griego significa pregón o proclamación, dando por sobreentendido que se refiere al anuncio gozoso del amor de Dios manifestado en Cristo muerto y resucitado. A diferencia del término Evangelio, el término Kerigma ha tenido una historia menos exitosa. Después de un largo olvido durante siglos, experimentó diversos intentos de recuperación para un uso moderno del término, durante la primera mitad del siglo XX, pero no hubo consenso entre los autores y quedó como una palabra problemática cuyo uso actual requeriría según algunos un estudio más exhaustivo de sus diversas modalidades en el Nuevo Testamento.[16] Como resultado,  por lo menos hasta ahora, la palabra Kerigma no ha gozado de una recepción natural y activa en la mayoría de círculos académicos católicos.[17] Karl Rahner propuso un nuevo uso de la palabra Kerigma más allá del debate sobre las diversas formas que hubiese podido tener en la época neotestamentaria.[18] La propuesta de Rahner encaja muy bien con el uso que hace de kerigma Francisco en Evangelii Gaudium  y en todo su magisterio.[19]

 

  1. Primer anuncio

Con esta expresión se quiere recuperar en el lenguaje pastoral de los últimos cincuenta años el contenido y la fuerza de los dos términos anteriores Evangelio en su sentido originario y kerigma. No hay espacio aquí para trazar la historia de la palabra, pero si para aclarar que es un término que se ha ido abriendo paso desde que San Pablo VI lo usó en Evangelii Nuntiandi (1975)[20] hasta eclosionar con mucha fuerza en Evangelii Gaudium del papa Francisco (2013). Es un hecho totalmente comprobable que Francisco en dicho documento usa indistintamente, y como plenamente sinónimos los términos Evangelio, Kerigma y primer anuncio así como otros sinónimos: anuncio, anuncio cristiano, anuncio principal, núcleo fundamental o esencial del Evangelio, corazón del Evangelio o simplemente la Palabra o el mensaje cristiano.

La expresión primer anuncio tiene dos ventajas: no es un término griego que haya que traducir – como ocurre con Evangelio o kerigma – y deja muy claro que la experiencia cristiana no nace ni por generación espontánea ni por iluminación ni por simple contacto físico con otro cristiano, sino que requiere la propuesta oral – precedida y acompañada siempre del mejor testimonio de vida y en un contexto dialogal –  de alguien que nos invita a iniciar una relación personal con Cristo como camino, verdad y vida.  Pero junto a estas cualidades la expresión primer anuncio tiene, reconozcámoslo abiertamente, un inconveniente: el adjetivo ordinal “primer” induce a sobreentender que es sólo un anuncio para los que todavía no creen y que sólo debe ser escuchado una vez al principio de la experiencia creyente. De esta ambigüedad de la expresión da plena cuenta Francisco.

 

Hemos redescubierto que también en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o « kerygma », que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. (…) Cuando a este primer anuncio se le llama « primero », eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos. (EG 164) [21]

 

  1. El Anuncio

En mi opinión, tal como ya hace Francisco en algunos pasajes de EG, creo  que se podría alternar los términos primer anuncio o corazón o núcleo fundamental del Evangelio con el término Anuncio a secas, o el Anuncio cristiano, mejor con mayúscula para indicar su especificidad, así como hablamos de la Eucaristía, o de la Catequesis de los Apóstoles o del Credo o Dogma.

 

  1. Segundo redescubrimiento:

La identidad específica y las cuatro funciones del primer anuncio

2.1. Lo específico del primer anuncio en relación a otras formas del hablar cristiano como son la catequesis o la teología

  1. Carácter pro-vocativo

Lo propio del primer anuncio y lo que le diferencia claramente de otras formas orales o discursos cristianos es su condición inequívoca de llamada, su carácter respetuosamente interpelativo o pro-vocativo en el sentido etimológico de la palabra: invitación a responder. Y la grandeza sorprendente y original del primer anuncio es que como tal es portador y facilitador de aquello mismo que anuncia: el encuentro inicial o renovado con Jesucristo resucitado como salvador real de cada persona en su contexto existencial y social y concreto.[22] En efecto hay un consenso de los más destacados  exegetas y teólogos en afirmar una presencia germinal de Jesucristo resucitado que ofrece su salvación en el acto mismo de ser proclamado el kerigma o primer anuncio. [23]

A diferencia de la catequesis o del discurso teológico, el primer anuncio no consiste en una explicación o argumentación, aunque él contenga germinalmente el contenido (logos) y la fuerza (dinamis) de lo que la catequesis y la teología desarrollarán en sus respectivos ámbitos y niveles .[24] El primer anuncio es una propuesta breve y concentrada, ofrecida  al hilo de la vida y en un contexto de amistad y de diálogo.[25] En los términos propios de la filosofía del lenguaje – pero elevado a la máxima potencia – el primer anuncio es una palabra performativa (del inglés performance, actuación), es decir, una palabra que invita a realizar lo que dice: “Cristo vive, déjate encontrar por Él, déjate salvar por Él”. [26]

  1. Una llamada que pone ante el Resucitado en tiempo presente, aquí y ahora

Es justo preguntarse en un necesario ejercicio de reflexión teológica ¿Por qué lo que propicia un inicial y un renovado encuentro con Cristo vivo es una breve invitación verbal y no una argumentación articulada? La respuesta está en la línea del primer punto expuesto. Se trata de la lógica de la revelación, de la forma como Dios ha elegido comunicarse personalmente a la humanidad y de hacerlo de forma humana – con acciones y palabras – de manera que su primer contacto llega en forma de llamada, de vocación,  de invitación a caminar con Él y no en forma de explicación. Esto además concuerda muy bien con el hecho en que cada vez coinciden más pensadores, creyentes y no creyentes: el rasgo más distintivo de la condición humana es la capacidad de confiar antes que la capacidad de analizar. [27] El primer anuncio es una invitación a dar un paso de confianza en Jesucristo Señor y a entrar en la dinámica de su Reino.

En clave teológica el primer anuncio como llamada tiene la capacidad de poner a la persona y a la comunidad en presencia del Resucitado en presente de indicativo, aquí y ahora, no sólo en una actitud de imitar a Jesús como un ejemplo pasado o exterior, sino dejando que el Espíritu Santo cree un vínculo afectivo-cognitivo con Él, que dé la posibilidad de un auténtico seguimiento actual en tensión hacia el futuro, esperando activamente su venida final. [28] De manera que “vivir cristianamente significa corealizar la vida de Cristo, realizarla juntamente con él” (Guardini). [29]

Este carácter de respuesta actualizada a la llamada siempre nueva de Dios es lo que hace del cristianismo antes que una aplicación directa e inmediata de  principios doctrinales o de reglas morales, un discernimiento constante de la voluntad de Dios. Para ello los principios y las pautas sirven como grandes orientaciones y puntos de referencia, pero nunca pueden suplir la decisión prudencial última. [30]

  1. El primer anuncio como contenido, acontecimiento y forma

El primer anuncio es inseparablemente un contenido, un acontecimiento  y una forma. Como contenido puede ser expresado con fórmulas muy diversas (EG 129), que de una manera u otra son una invitación a responder a la llamada de Dios que se ofrece en el mismo anuncio: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (EG 164) y – añadimos – espera tu respuesta.

Como acontecimiento (acto o acción)  tal como ya se ha descrito, consiste en proponer dicho contenido a alguien, en el contexto de una relación de amistad y como respuesta desbordante a sus expectativas existenciales detectadas y explicitadas en un diálogo franco.[31] También como acontecimiento el primer anuncio es la propuesta renovada a la comunidad reunida que necesita ponerse en presencia de su Señor.

Como forma, dicho acontecimiento de comunicación se caracteriza por una intención – llevar el corazón del Evangelio al corazón del interlocutor-,[32] cuya realización comporta una determinada intensidad [33] y se materializa en una invitación expresa hacia la cual va finalizado todo el anuncio: entrar en contacto personal con Jesucristo vivo y con el compromiso en  el Reino que Él comporta .

  1. La dimensión social del primer anuncio

Precisamente la dimensión social del primer anuncio es algo que conviene aclarar para despejar tota crítica de supuesto intimismo y individualismo a la práctica del anuncio. Francisco es muy claro y contundente en este aspecto.

El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad. (EG 177)

Todo el capítulo cuarto de Evangelii Gaudium está dedicado a la dimensión social de la evangelización y los números del 177 al 185 a las repercusiones comunitarias y sociales del kerygma.

Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás. (EG 178).

Así lo ha repetido Francisco con gran coherencia en otros documentos y ocasiones como en el proemio de Veritatis Gaudium sobre las orientaciones que deben regir los estudios en las facultades e institutos de teología. [34]

2.2. Las cuatro funciones del primer anuncio

  1. Puerta de entrada más normal para acceder a la experiencia cristiana

En este primer sentido, el primer anuncio es la acción comunicativa por la que una persona  cristiana, precedida y acompañada del mejor testimonio de vida, en un contexto dialogal y partiendo siempre de la situación existencial y de las expectativas de su interlocutor, le habla con amor y humildad de Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador de la humanidad, y le invita a establecer una primera o una renovada relación personal con Él. Por tanto, en primer lugar, el primer anuncio es el factor decisivo para engendrar la primera fe en Jesucristo por parte de un no creyente o para avivarla en un creyente tibio o que se había alejado.

  1. Fundamento permanentemente activador de toda la vida cristiana, podríamos decir el “leitmotiv” de la fe como vida en/con Cristo

El primer anuncio es el anuncio principal o fundante que cada cristiano en particular y la comunidad eclesial en su conjunto debe volver a oír una y otra vez para estar en actitud de respuesta activa a Jesucristo Resucitado en presente de indicativo. [35] En este segundo sentido, el primer anuncio o kerigma como anuncio fundamental  del Evangelio debe ser proclamado no sólo a los que todavía no creen sino a los creyentes y a la comunidad reunida. Tal como afirman los teólogos Rahner y Lehmann en su artículo de referencia: “El kerigma debe ser anunciado una y otra vez para que se realice la presencia de Dios[36].

Tomando una metáfora del mundo musical podríamos hablar del Anuncio como del leitmotiv de la vida cristiana. El primer anuncio sería algo equivalente al tema central, o motivo conductor (leitmotiv) que permite identificar una obra musical, y que al oírlo por primera vez capta la atención del oyente, de manera que este desea volver a oírlo para volver a experimentar el placer y la emoción que le despertó aquella primera audición. Y desarrollando la metáfora musical podríamos decir que en el caso del primer anuncio cristiano este contiene en su brevedad y concisión todos los temas que serán susceptibles de ser desarrollados hasta conformar una gran sinfonía como es el Credo o articulación del Dogma. El primer anuncio es como si una canción sencilla y breve como Noche de Paz contuviese en sí misma, en embrión, todos los temas que desarrollados darían como resultado una sinfonía equivalente a la Novena de Beethoven.

Este carácter de anuncio renovado permanente se verifica de modo especial en la Eucaristía dominical que es la realización más eficaz del kerigma donde palabra y sacramento llegan a su plenitud. En concreto la homilía es el momento donde se plasma el carácter kerigmático de la Palabra en tanto que Palabra propuesta a  la comunidad para propiciar su renovada adhesión al Resucitado. No es de extrañar que veinticinco números centrales de Evangelii Gaudium estén dedicados la homilía, de la cual Francisco afirma cosas tales como:

Cabe recordar ahora que « la proclamación litúrgica de la Palabra de Dios, sobre todo en el contexto de la asamblea eucarística, no es tanto un momento de meditación y de catequesis, sino que es el diálogo de Dios con su pueblo, en el cual son proclamadas las maravillas de la salvación y propuestas siempre de nuevo las exigencias de la alianza». Hay una valoración especial de la homilía que proviene de su contexto eucarístico, que supera a toda catequesis por ser el momento más alto del diálogo entre Dios y su pueblo, antes de la comunión sacramental. (EG 137) [37]

  1. c) Criterio para discernir y establecer la jerarquía de las verdades dogmáticas, catequéticas y morales

El primer anuncio como contenido nuclear de la buena noticia cristiana – “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (EG 36) – constituye el criterio a partir del cual establecer la jerarquía de verdades en la exposición de la fe cristiana. “Esto vale tanto para los dogmas de la fe como para el conjunto de las enseñanzas de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral “,  afirma el mismo papa Francisco en EG 36; así como para “comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis” (EG 165) “y de todo intento de renovación eclesial “(EG 165). Esta tercera función daría mucho de sí pero aquí solo podemos dejarla indicada. [38]

  1. Forma de vivir y proponer la vida cristiana

Con la expresión de  cualidad de primer anuncio o de carácter kerigmático nos podemos referir también al talante, pathos o feeling con que se vive y se comunica la fe cristiana. Se trata de una pasión, o un entusiasmo asertivo, irradiador y contagioso siempre respetando y, a la vez, apelando a la libertad del interlocutor. Es lo que el papa Francisco describe como “evangelización con espíritu” en EG 259-267. Audacia (parresía), alegría, fervor, convencimiento,… son otras tantas expresiones usadas en el contexto de dichos números de EG.

  1. Conversiones requeridas para la reintroducción del primer anuncio en la pastoral ordinaria católica

En la Iglesia católica estamos redescubriendo el primer anuncio como un eslabón olvidado del proceso global de la evangelización y aún más como motivo conductor de toda la vida cristiana. No debe escandalizarnos ni extrañarnos la afirmación de que un elemento importante de la evangelización fuera olvidado. Ocurrió también en el pasado con otros elementos importantes de la fe cristiana como, por ejemplo, la centralidad de la resurrección de Jesucristo, o la Vigilia Pascual (clara consecuencia de lo anterior) o el papel de los laicos en la Iglesia y en el mundo.

3.1. Conversión intelectual: no toda acción es necesariamente consecuencia de un pensamiento

En la comprensión y en la práctica del primer anuncio se da un caso especial de una de las cuestiones filosóficas que más ha marcado la historia del pensamiento occidental: la relación entre teoría y práctica o entre idea y realidad. En efecto, cuando Francisco afirma “La realidad es más importante que la idea” (EG 231-233) está recapitulando un largo debate que ha recorrido todo el siglo XX en el intento de superar la hegemonía del idealismo alemán que ponía en el yo pensante el inicio  y la piedra de toque de todo proceso de conocimiento y de operación sobre la realidad. Los mejores esfuerzos de los filósofos del siglo XX han ido dirigidos a superar el predominio de la idea sobre la realidad. [39]

Dados estos precedentes no nos debe extrañar que un serio obstáculo en el redescubrimiento del papel insubstituible del primer anuncio radica en la forma de pensar intelectualista según la cual toda acción es siempre necesariamente consecuencia de un pensamiento y, por tanto, el inicio y la maduración de la vida cristiana dependerían de la claridad de unas ideas previas. Esta actitud intelectualista no entiende que una acción comunicativa puntual como el primer anuncio, pueda ser  tan decisiva y determinante para el inicio de la vida de fe y para su continuidad y crecimiento.

En efecto, según esta forma de pensar, fuertemente marcada por la ilustración y la modernidad, se empieza a ser cristiano por un proceso de toma de conciencia a partir de una información y de una formación básicamente intelectual – ya sea el catecismo como contenido doctrinal, ya sea una formación teológica o bíblica científica, ya sea una reflexión crítica sobre la realidad personal y social – que se va proponiendo al iniciado hasta que éste deviene un cristiano adulto y comprometido. Aunque se tenga en cuenta también la necesaria vivencia de la comunidad, de la Palabra, de la liturgia, de la oración, y de la práctica del amor, de hecho en esta forma mental el nervio del asunto viene dado por el pensamiento.

Sin menospreciar de ninguna manera la importancia del elemento intelectual en la iniciación y crecimiento de la vida cristiana, una debida atención a la pedagogía de Dios en la revelación y una valoración realista de la experiencia pastoral de los últimos cincuenta años nos lleva a una comprensión más integral del acontecimiento que propicia la entrada en la fe cristiana y su crecimiento posterior. El papa Benedicto XVI lo ha afirmado certeramente en la que tal vez sea su frase más citada:

No se empieza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea,  sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte  a la vida, y con ello la dirección decisiva (Benedicto XVI, Dios es amor (2005), n. 1) [40].

Según esta afirmación de Benedicto XVI, lo que motiva el inicio de la fe, en rigor, no es un pensamiento sino un acontecimiento, una acción, un hecho: un encuentro con una Persona, Jesucristo. Y una de las formas más habituales de que suceda ese encuentro es que una persona cristiana  presente a Jesucristo como Persona viva que tiene Vida abundante para dar al interlocutor en cuestión. Los pensamientos y las ideas sobre la relevancia o sobre la credibilidad del cristianismo en rigor preparan o consolidan o interactúan en el acto de fe pero no lo provocan. El motivo del acto de fe es la atracción interior del Espíritu Santo que se sirve sobre todo del testimonio y de la Palabra viva.[41]

El hecho del “encuentro” personal con Cristo, la interacción viva entre personas, entre libertades, y la palabra personal – siempre precedida y acompañada del mejor testimonio de vida –  como mediación del encuentro, puede ser recogido con el pensamiento a posteriori pero no puede ser nunca exhaustivamente aprehendido ni reproducido exclusivamente mediante pensamientos o ideas.[42]

Aplicando la visión intelectualista a la recepción del primer anuncio por parte del interlocutor, podría parecer que éste recibe el primer anuncio porque tiene unos pensamientos previos que le llevan a él, pero ante la presentación de Jesucristo como Alguien que está vivo y con el que se puede establecer una relación personal, se crea un ámbito nuevo ofreciendo un nuevo horizonte y con ello nuevos contenidos de conciencia, nuevos pensamientos y un nuevo modo de vivir, que son consecuencia de la acción de recibir el primer anuncio.

Por eso no se puede afirmar que el primer anuncio sea para el que lo recibe una acción, consecuencia de un pensamiento, sino que por lo contrario el primer anuncio es una acción que da pie a pensamientos nuevos. Para decirlo con un símil sencillo: nadie se ha emborrachado analizando la fórmula química del vino. El análisis de la fórmula del vino es el equivalente a toda publicación, material o aproximación cultural al hecho del cristianismo o a la credibilidad de la fe; beber una copa de buen vino es el equivalente de establecer una relación personal con Jesucristo como Persona viva como consecuencia de una invitación efectuada por alguien cercano y próximo a Él y al interlocutor que recibe la invitación,

Éste carácter no deducible a priori,  único e irrepetible del primer anuncio produce malestar e incomodidad a la forma de pensar intelectualista, que a veces escuda su incomprensión tachando de emocionalismo a las prácticas de primer anuncio. Hay que distinguir dos planos que, si bien están íntimamente relacionados, son de hecho distintos y el uno no puede suplir al otro: a) la exposición de las razones para creer (apologética o teología fundamental como discurso intelectual) y b) la invitación concreta a creer y a renovar la fe como adhesión existencial a Jesucristo resucitado (primer anuncio como acción evangelizadora concreta).

El Espíritu Santo sin duda se puede servir de muchas mediaciones previas para  ir preparando los corazones, [43] pero lo decisivo, lo que propicia el encuentro es el hecho de recibir una invitación explícita que, aunque tiene en la conversación personal su forma paradigmática, también puede llegar al interlocutor vehiculada en una publicación o por un medio audiovisual o por las redes sociales siempre que se exprese la invitación directa a la voluntad del oyente o del espectador, eso sí, siempre  con respeto y con la debida contextualización.

Una derivada de este mismo prejuicio intelectualista es la tendencia a enfatizar la fe como proceso de toma de conciencia, como opción opuesta a los métodos de primer anuncio que ponen mayor énfasis en propiciar el acontecimiento del encuentro con Cristo. Podemos lograr una síntesis entre ambas posiciones afirmando que sin proceso no hay maduración de la fe ciertamente,  pero sin acontecimiento fundante (conversión)  no puede haber proceso.

 

3.2. Conversión teologal: el primer anuncio tiene su máxima realización y eficacia en el sacramento pero a la vez tiene una realización germinalmente eficaz fuera de la liturgia en la vida cotidiana

Este anuncio fundamental tiene su más alta realización y eficacia  cuando se dirige a la persona y a la comunidad en la celebración del sacramento; [44]  pero también tiene una primera realización y una eficacia germinal con anterioridad a su expresión estrictamente litúrgica, es decir en los ámbitos de la vida cotidiana. [45] Esta doble faceta del Anuncio provoca dificultades para su recuperación actual, porque por una parte puede ser reivindicado como exclusivo del momento litúrgico y por otra puede ser devaluado reduciéndolo al valor de nuestra capacidad de mantener una conversación atractiva olvidando que hay un núcleo fundamental del Anuncio que es el que tiene la capacidad de tocar el corazón. Que haya una palabra que fuera del contexto estrictamente litúrgico tenga una eficacia germinal sacramental es algo que cuesta de entender y por tanto practicar tanto a unos como a otros.

 

3.3. Conversión pastoral: deberíamos superar la afirmación “se evangeliza más con hechos que con palabras” y substituirla por esta otra “se empieza a evangelizar con hechos y cuando llega el momento con la Palabra”

Hay una autentica amnesia por lo que se refiere al cristianismo como vida que se comunica y se comparte también con la palabra. En la larga y compleja historia del pensamiento occidental, ya citada, en torno a la relación entre teoría y práctica – o entre palabra y acción – la palabra ha sufrido una lenta pero demoledora devaluación hasta quedar reducida a un mero sonido fonético. De ahí que se comprendan expresiones como “se evangeliza más con hechos que con palabras”. Pero una renovada toma de conciencia del cristianismo como religión revelada y un renovado retorno al primado de la Palabra de Dios como el que propiciaba el cardenal Carlo Maria Martini, de Milán, debería llevarnos a una verdadera conversión en lo que afecta al momento verbal de la evangelización. Por ello sería más ajustado apostillar: “no hables de lo que no vives, pero no puedes dejar de hablar de lo que vives”. O como afirma Francisco:

La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial. (EG 264)

La práctica del primer anuncio experimenta también diversos tipos de resistencias en los católicos habituales. A unos les huele a proselitismo o a algo políticamente incorrecto en una sociedad postmoderna donde no es bien visto intentar influir en las convicciones de otra persona, cuando en realidad todo el mundo intenta convencer a los demás para que consumamos sus productos o nos apuntemos a sus sesiones de meditación.

 

  1. Redescubrimiento del laicado como principal protagonista del primer anuncio en los ambientes cotidianos.

 

4.1. El laico como sacerdote, profeta y pastor

Una de las mayores novedades del Concilio Vaticano II (1962-1965) fue el redescubrimiento del papel del laicado, como formando parte integrante de pleno derecho de la Iglesia, Pueblo santo de Dios  y participando a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo.[46] Se reconocía abiertamente que “el apostolado de los laicos es la participación en la misma misión salvífica de la Iglesia”.[47] Y a continuación se especificaba: “Los laicos, sin embargo, están llamados particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos”. [48]

De ahí la visión de que los laicos están preferentemente empeñados en las tareas comúnmente llamadas de índole secular: la experiencia del amor matrimonial; la procreación y el mantenimiento y educación de los hijos;[49] la transformación de la naturaleza a través de la investigación, el dominio técnico y el trabajo humano en sus múltiples facetas; y la transformación de la historia por medio de las variadas formas de asociacionismo y compromiso cultural social y político.[50] Es en ese contexto secular donde los  laicos y laicas ejercen pues a su manera la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, dando pie a una autentica mística del seguimiento de Cristo en el mundo.

 

4.2. El primer anuncio como parte del ejercicio del profetismo laical

 Aunque el Concilio Vaticano II no dejó de explicitar el deber y el derecho del laicado a anunciar el Evangelio también de palabra,[51] en la recepción del concilio predominó la imagen del laicado como trasformador de la realidad con su compromiso operativo y con su ejemplo de vida, y no se puso tanto énfasis en el papel del laicado como comunicador del Anuncio cristiano. Debemos al papa Francisco una fuerte llamada a redescubrir este aspecto del profetismo laical.

En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos » y « misioneros », sino que somos siempre « discípulos misioneros » (EG 120) [52].

 

4.3. La mayor red de evangelizadora en el día a día: el laicado

Tal como le gusta repetir al P. Raniero Cantalamesa, los sacerdotes, religiosas  y religiosos en el mundo son decenas de millares, pero los laicos y laicas son centenas de millones. En efecto, se abre una perspectiva evangelizadora inmensa sólo de imaginar a estos millones de laicos y laicas, acompañados del mejor testimonio de vida y siempre en un contexto de dialogo y amistad, ejerciendo como agentes directos del primer anuncio en sus lugares de vida, trabajo y ocio.

 

  1. Visión global : El primer anuncio en relación a la pastoral más urgente en este momento en las parroquias, movimientos, comunidades y asociaciones

Acabamos nuestra exposición con una rápida y esquemática visión global del primer anuncio en relación a los retos más urgentes de la pastoral ordinaria de la Iglesia católica.

 

  • Primer anuncio e itinerarios de iniciación como propuesta permanente a los cristianos habituales

Tomando conciencia del envejecimiento notable de nuestras comunidades eclesiales, y el alto índice de secularización que impregna toda la sociedad y que no deja de hacer mella en los propios católicos, y a la vista de la atracción que ejercen las propuestas de tipo panteísta, gnóstico, new age, o simplemente de “religión a la carta”,  no se puede dar por sentado que los católicos habituales de misa dominical vivan un cristianismo cristocéntrico, enraizado en la Palabra y alimentado adecuadamente en los sacramentos. Por ello se hace necesario proponer periódicamente el primer anuncio y los itinerarios de iniciación cristiana de adultos –integralmente o en parte –  a todos (véase contenido en 5.3.). Sólo discípulos renovados en su amor a Cristo podrán ser misioneros en esta sociedad fría y materialista. [53]

 

  • Testimonio y primer anuncio hacia lejanos y alejados. Diez modalidades de primer anuncio

Como Pueblo de Dios, Iglesia, en salida, es necesario realizar un esfuerzo de imaginación y creatividad para poder ofrecer junto al mejor testimonio de amor, solidaridad y caridad efectiva, propuestas específicas de primer anuncio dirigidas a lo lejanos y a los alejados. Nos limitamos aquí a enunciar diez modalidades de primer anuncio.[54]

  1. El primer anuncio en el diálogo con personas del entorno cotidiano.
  2. Propuestas específicas de primer anuncio desde ámbitos eclesiales
  3. El primer anuncio en el contexto de la preparación pre-sacramental.
  4. El despertar religioso en las familias.
  5. El primer anuncio a jóvenes.
  6. El primer anuncio en los centros educativos.
  7. El primer anuncio con motivo de las prácticas y vivencias de religiosidad popular.
  8. El primer anuncio en la atención a personas en situaciones límite.
  9. La experiencia del primer anuncio en países de misión.
  10. Transmitir el Kerygma mediante el arte y las nuevas disciplinas.

 

  • Acogida de los que regresan y de los nuevos en itinerarios de iniciación cristiana.

Obviamente hay que poder ofrecer a los lejanos o alejados con los que se haya conectado a través de las propuestas de primer anuncio o de las actividades de nuestro ámbito eclesial propio,  unos itinerarios de iniciación cristiana de adultos que incluirán como elementos constitutivos:

  1. Iniciación a la oración a partir de la Palabra
  2. Iniciación a la vida de grupo o pequeña comunidad
  3. Acompañamiento personalizado (idóneo para verificar la consolidación de la adhesión a Jesucristo y la vida cristiana como corealización del Reino con Cristo, el cambio de sentimientos y actitudes, y la conversión moral)
  4. Formación catequética sistemática
  5. Iniciación a los sacramentos y a la vivencia de la Iglesia como Pueblo de Dios
  6. Iniciación a la salida misionera: compromiso social y evangelizador

 

Necesitamos urgentemente activar estos elementos regeneradores de lo más genuino de la fe cristiana para propiciar nuevas y renovadas generaciones de un laicado que, con las diversas formas de apostolado organizado, llegue con garra evangelizadora a los ambientes cotidianos y ayude a la tan necesaria transformación de la sociedad en la dirección del Reino de Dios.

[1] CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la divina revelación, Dei Verbum (DV), 2.

[2] CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la Iglesia. Lumen Gentium (LG), 1 y 48.

[3] Cf. J.M. GONZÁLEZ RUIZ, Evangelio en C. FLORISTAN- J.J., TAMAYO (Coord.), Conceptos fundamentales de pastoral, Madrid: Cristiandad 1983, p. 337.

[4] Cf. S. PIÉ-NINOT,  La “sacramentalidad de la Escritura” (VD 56) como “palabra viva y eficaz” (Heb. 4,12) en Teología Fundamental, Madrid BAC2016, pp. 143- 145. A tenor de VD 7 el primer sentido analógico de la expresión “Palabra de Dios”  es “la persona de Jesucristo, Hijo eterno del Padre, hecho hombre”. La Escritura es Palabra de Dios  en un segundo sentido analógico junto a la Tradición. Esta distinción es la que permite afirmar que en la proclamación del primer  anuncio se hace presente Cristo como Palabra viva sin necesidad de que se lea textualmente un fragmento de la Escritura (véase más adelante 2.1.a. Carácter provocativo (del primer anuncio ).

[5] El subrayado es nuestro.

[6] El subrayado es nuestro.

[7] La homilía tiene un carácter cuasi sacramental. FRANCISCO, Evangelii Gaudium 142.

[8] Véase más adelante en el apartado  2.2.b (El primer anuncio como) Fundamento permanentemente activador de toda la vida cristiana.

[9]  “La palabra engendra la fe, el sacramento la lleva a plenitud.” (L. SCHEFFCZYK, Von der Heilsmacht des Wortes, Munich 1966. Citado en L.A. SCHÖKEL – A.M. ARTOLA, La palabra de Dios en la historia de los hombres, Bilbao: Mensajero 1991, p. 591.

[10] “(El Kerigma) tiene su más intensa realización esencial en la palabra de la fe, que se dirige al individuo en el sacramento, como manifestación de la salvación de Dios, que se da cuando se realiza su aparición, su “signo”.” (K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 378). El mejor artículo de referencia sobre el tema es K. RAHNER – K. LEHMANN, Kerigma y Dogma en  Mysterium Salutis I, Manual de Teología como historia de la salvación (1965), Madrid: Cristiandad 21974, 686-704.

[11] Cf. SAN PABLO VI, Evangelii Nuntiandi 24; SAN JOAN PAU II, Redemptoris Missio, 41-50; CONGREGACION PARA EL CLERO, Directorio general para la catequesis (1997) 46- 49.

[12] Cf. J.M. GONZALEZ RUIZ, Kerigma en C. FLORISTAN- J.J., TAMAYO (Coord.), Conceptos fundamentales de pastoral, Madrid: Cristiandad 1983, p. 543.

[13]  Cf. Los primeros discursos de Pedro y Pablo. Hch 2, 14-26; 3, 12-26, 4, 8-12; 5, 29, 32; 10, 34-41; 13, 16-41.

[14] “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona” (Misericordiae Vultus, Bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia, 2015, n. 12). Subrayados nuestros.

[15] (Rm 1, 1-17). Todas las citas son de la Biblia de la Casa de la Biblia, Madrid 41997. Los subrayados y paréntesis son nuestros. ”Yo no vine a bautizar sino a evangelizar…”

[16] Por poner un ejemplo: En el Evangelio de Juan no aparecen nunca ni la palabra evangelio, ni la palabra kerigma. No obstante, qué duda cabe que el IV Evangelio tiene sus maneras propias de enunciar el evangelio o kerigma como en el famoso pasaje de Jn 3,16 : “ Tanto amó Dios al mundo que entregó a  su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Por tanto nos encontramos con que en el Nuevo Testamento hay diversas maneras de formular el Kerigma o corazón del Evangelio y diversas maneras de nombrarlo. Ello da pie a cierto confusionismo si no se estudia la cuestión con rigor.

[17] Exceptuando, entre algunas otras, la escuela teológica  argentina. Cf. Víctor Manuel FERNÁNDEZ, Pistas de Francisco para la catequesis, en Simposio de catequética. Interpelaciones a nuestra catequesis a la luz de Francisco, Buenos Aires: PPC Cono Sur 2018, 79-82.

[18] Cf. K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 377-378.

[19] Muy completo sobre historia del uso del término kerigma ver también. : M. TIBALDI, Kerigma e atto di fede nella teologia di Hans Urs von Balthasar, Roma: PUG 2005.

[20] EN 45, 51-53; Cf. M. A. GIL, Pensamiento contemporáneo de la Iglesia sobre el Primer anuncio en Actualidad Catequética  213-14 (2007) 51- 68.

[21] Los subrayados son nuestros excepto “kerygma”  y “principal”  que ya aparecen subrayados en el texto original.

[22] (El Kerygma como Palabra de Dios y de Cristo mismo) “De manera eficaz hace presente lo pronunciado en la situación del interpelado”. (K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 377-378).

[23] “El kerigma lleva en sí mismo una gracia que, si es acogida libremente por el interlocutor, le cambia interiormente y le permite encontrar su propia realización en Dios“(H. U. von BALTHASAR, Il missaggio di salvezza e il presente, Humanitas 11 (1961) 883). “Dios mismo es quien fundamenta el kerigma, y es este mismo kerigma el que fundamenta la existencia del creyente” (H. SCHLIER, Kerigma e Sophia, a Il tempo de la Chiesa, Bologna 1968, 330-372). “El kerigma es el único Señor, que ha realizado su obra como Jesús de Nazaret, vive en los suyos como Espíritu, y vendrá como Señor de la gloria. Precisamente de estas tres maneras, Cristo está vivo y (ocultamente) presente en el kerigma” (E. SIMONS, Kerigma en Sacramentum Mundi IV(1973), Barcelona: Herder 2 1977 col. 195. Subrayados nuestros).  “Por lo tanto la tarea de la Iglesia consiste en realizar la traditio evangelii, el anuncio y la transmisión del evangelio que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16) y que en última instancia, se identifica con Jesucristo (cf. 1Co 1,24)” (Sínodo de los Obispos 2012, Instrumentum Laboris, 2012, n. 26. El segundo subrayado es nuestro). “El Evangelio es Evangelio de Jesucristo: no solamente tiene como con­tenido Jesucristo. Mucho más, este último es, a través del Espíritu santo, también el promotor y el sujeto primario de su anuncio, de su trasmisión. El objetivo de la transmisión de la fe es la realización de este encuentro con Jesucristo, en el Espíritu, para llegar a vivir la experiencia del Padre suyo y nuestro” (Sínodo de los Obispos 2012, Lineamenta 2011, n. 11. Los subrayados  son nuestro).  “Cristo es el « Evangelio eterno » (Ap 14,6), y es « el mismo ayer y hoy y para siempre » (Hb13, 8), pero su riqueza y su hermosura son inagotables.” (FRANCISCO, Evangelii Gaudium  11) .

[24] “El kerygma es algo más y algo distinto de los artículos del dogma de la Iglesia, que se adecuan meramente a la cosa; en los cuales la Iglesia no proclama el Kerygma, sino que, ejercitando su “magisterio extraordinario”, se limita a señalar las fronteras entre la verdad y el error. El kerygma es también algo más que la reflexión humana sobre estos artículos (teología)”. (K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 378).

[25] Cf. Juan Carlos CARVAJAL BLANCO, Pedagogía del primer anuncio. El Evangelio ante el reto de la increencia, Madrid: PPC 211.

[26] Cf. FRANCISCO, Christus vivit, Exhortación apostólica postsinodal (2019), 124-129.

[27] R. SALA,  L’umano possibile. Esplorazioni in uscita dalla modernità, Roma: LAS 2012.

[28] “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con  él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera.” (EG 266).  Cf EG 275-289: La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu.

[29] R. GUARDINI, en Obras de Romano Guardini III, Jesucristo, Madrid: Cristiandad 1981, p. 79. También: “ Tan pronto como el Cristianismo deja de aparecer como autoevidente y se muestra de nuevo en lo que es, un objeto de contradicción, vuelve a ponerse de manifiesto el concepto escriturístico de existencia, es decir, que el hombre ha sido arrastrado a una coactividad con Dios. (…) Porque estamos acostumbrados a pensar en la Fe como en un cuerpo de doctrina sistematizado, algo como la sistematización de los conocimientos o la ciencia natural, o como visiones del ser de Dios y del cosmos.  Pero en un principio se conceptuaba la Fe como una instrucción en la actividad de Dios y una llamada a entenderla y tomar parte en ella. Mientras Jesús vivió sobre la tierra, esta actitud se concretizó en el ideal de seguirle.  Entonces Fe significaba andar con Jesús, hacer con Él lo que Él hacía, y preparar así el camino del reino de Dios.  Pero esta idea primitiva de seguir a Jesús se descartó cuando desapareció su presencia corporal, «el seguirle» pasó a ser «imitación» en el transcurso del tiempo. Jesús vino a ser el modelo de perfección al que debían intentar acomodarse.  Una vez más la noción de actividad histórica se traspasó al terreno de las ideas.  Para los primeros cristianos, el «seguimiento» significaba la expectación de la venida del Señor, aceptando el destino que les confería su calidad de cristianos y participando en la acción del Espíritu Santo. (…) Fe significa vivir inmerso en esta actividad divina y comprender a su vez los acontecimientos de la historia y el destino particular de cada uno.  (R. GUARDINI La Revelación como historia, a A.R. Caponigri (ed.), Pensadores católicos contemporáneos II, Barcelona-México: Grijalbo 1964, p. 261. Los subrayados son nuestros).

[30] De ahí la importancia del discernimiento en el magisterio de Francisco. Cfr. Amoris Laetitia (2016) Capítulo VIII: Acompañar, discernir e integrar la fragilidad.

[31] “Se  trata, pues, del acontecer de lo pronunciado en la situación del oyente; acontecer históricamente perceptible en el decir y en el oir”. (K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 378).

[32] “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona”  (FRANCISCO, Misericordiae VultusBula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia, 2015, n. 12. Subrayado nuestro).

[33] Se trata de un determinado coraje o atrevimiento que en el lenguaje del Nuevo Testamento recibe el nombre de parresía (EG 259) y que Francisco también cualifica como  pasión  (EG  266).

[34] Justamente cuando acaba de enunciar que el Kerigma debe ser el  primer criterio en la orientación de los estudios teológicos añade: “Desde esta concentración vital y gozosa del rostro de Dios, que ha sido revelado como Padre rico de misericordia en Jesucristo (cf. Ef 2,4) (Misericordiae Vultus) desciende la experiencia liberadora y responsable que consiste en la «mística de vivir juntos” (EG 87 y 272) como Iglesia, que se hace levadura de aquella fraternidad universal «que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno» (EG 92). De ahí que el imperativo de escuchar en el corazón y de hacer resonar en la mente el grito de los pobres y de la tierra (Laudato Sí 49) concretice la «dimensión social de la evangelización» (EG cap, 4), como parte integral de la misión de la Iglesia; porque «Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»(CONSEJO PONTIFICIO JUSTICIA Y PAZ, Compendio  de la Doctrina Social de la Iglesia, 52; cf. EG 178). Es cierto que «la belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha»(EG 195) .Esta opción debe impregnar la presentación y la profundización de la verdad cristiana.”  (FRANCISCO, Veritatis Gaudium, 4, a). Cf. También “Jesús…se dirige directamente a los marginados, a los “de fuera”, para llevarles directamente, la buena noticia del reino de Dios.” (J.M. GONZÁLEZ RUIZ, Evangelio Kerigma en C. FLORISTAN- J.J., TAMAYO (Coord.), Conceptos fundamentales de pastoral, Madrid: Cristiandad 1983, p. 547.

[35] “No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más « sólida ». Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nunca deja de iluminar la tarea catequística, y que permite comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis. “ (EG 165)

[36] RAHNER- LEHMANN, Kerigma y Dogma en Mysterium Salutis I, Madrid: Cristiandad 21974. p. 691. Ver el texto de  EG 164-165 en el apartado 2.

[37] Los subrayados son nuestros.

[38] “En este horizonte amplio e inédito que se abre ante nosotros, ¿cuáles deben ser los criterios fundamentales con vistas a una renovación y a un relanzamiento de la aportación de los estudios eclesiásticos a una Iglesia en salida misionera? Podemos enunciar aquí al menos cuatro, siguiendo la enseñanza del Vaticano II y la experiencia que la Iglesia ha adquirido en estos decenios de aprendizaje, escuchando al Espíritu Santo y las necesidades más profundas y los interrogantes más agudos de la familia humana. a) En primer lugar, el criterio prioritario y permanente es la contemplación y la introducción espiritual, intelectual y existencial en el corazón del kerygma, es decir, la siempre nueva y fascinante buena noticia del Evangelio de Jesús (EG 11; 34ss.;164-165) «que se va haciendo carne cada vez más y mejor» (EG 165) en la vida de la Iglesia y de la humanidad. Este es el misterio de la salvación del que la Iglesia es en Cristo signo e instrumento en medio de los hombres (LG 1): «Un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, lo cual siempre trasciende toda necesaria expresión institucional […] que tiene su fundamento último en la libre y gratuita iniciativa de Dios» (EG 11). (FRANCISCO, Veritatis Gaudium Sobre las Universidades y las Facultades eclesiásticas  (2018) n. 4. “(El kerigma) es norma, fundamento originario para el dogma y la teologia” (K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 378).

[39] Así, por poner algún ejemplo, Blondel (la acción como una unidad originaria anterior a la dicotomía entre teoría y práctica),  Hedidegger (el hombre es acontecimiento antes que pensamiento), Zubiri (el enraizamiento en la realidad es anterior al logos), Zambrano (la razón poética),…

[40] Los subrayados son nuestros. Texto citado en EG 7.

[41] Cf. S. PIÉ-NINOT, El don de la fe: la iniciativa e iluminación de Dios en el acto de creer, en Teología fundamental, Madrid: BAC 2016.

[42] Cf. Los escritos de P. Henrici sobre la metafísica del hecho o acontecimiento (cf. X. MORLANS, ¿Singularidad de Jesucristo?, en X. Morlans (ed.) Revelación y religiones, Barcelona: Herder 2016, 330-332.

[43] “El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria.” (EG 279)

[44] “(El Kerigma) tiene su más intensa realización esencial en la palabra de la fe, que se dirige al individuo en el sacramento, como manifestación de la salvación de Dios, que se da cuando se realiza su aparición, su “signo”.” (K. RAHNER-H. VORGRIMLER, Kerygma en Diccionario teológico, Barcelona: Herder 1966, col. 378).

[45] La Palabra proclamada, viva y eficaz, prepara la recepción del Sacramento, y en el Sacramento esa Palabra alcanza su máxima eficacia. (EG 174). El subrayado es nuestro. Se reconoce, pues, una eficacia de la Palabra anterior a la máxima eficacia que se alcanzará en el sacramento. Véase también: “La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.” (EG 22) (Subrayados nuestros)

[46] CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la Iglesia. Lumen Gentium, 31.

[47] LG 33.

[48] LG 33.

[49] CONCILIO VATICANO SEGUNDO, Decreto sobre el apostolado de los seglares, Apostolicam Actuositatem (AA) 11 y 30

[50] LG 31, EN 70.

[51] “Porque todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y con el testimonio de la palabra el hombre  nuevo de que se revistieron por el bautismo” (CONCILIO VATICANO SEGUNDO, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia. Ad Gentes (AG) 11).

[52] Cf. Todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio EG 111-134. “Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino.” (EG 127) Los subrayados son nuestros.

[53] Sobre discípulos misioneros EG 119-121.

[54] Para un desarrollo de la mayoría de estas modalidades cf. X. MORLANS, El primer anuncio. El eslabón pedido, Madrid: PPC 2009, pp. 131-177

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