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Vivir en modo acompañamiento

Itinerario 2: Acompañamiento 

Covadonga  Orejas. Equipo Ruaj

 Introducción

“En una civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita de la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro, cuantas veces sea necesario. En este mundo los ministros ordenados y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada personal. La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos – sacerdotes, religiosos y laicos- en este “arte del acompañamiento”, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana”. (EG, 169)

Todo lo que ofrecemos es fruto del estudio y reflexión compartida en nuestro Equipo Ruaj[1], a partir del estudio y la práctica del acompañamiento mismo, acompañando y siendo acompañados durante más de tres décadas, en múltiples contextos.

La mediación de Acompañamiento es indispensable hoy para crecer, vivir y convivir en inclusión y como gran familia presidida por ese Dios – Presencia misteriosa que siempre acompaña (cf. Lc 24). No podemos tomarlo como una moda, ni llamar a todo acompañamiento. El Acompañamiento existe desde siempre. En la situación actual, lo redescubrimos con mayor fuerza y necesidad.

Estos son los mensajes clave de nuestra exposición:

  • La posibilidad de acompañar es para todos/as, no está reservada a unos pocos/as privilegiados. La posibilidad de acompañar está en el ADN de nuestro ser personas.
  • El acompañamiento. hoy en día es mediación privilegiada de evangelización. Ante la crisis de mediaciones y estructuras en nuestra Iglesia, la mediación del encuentro es indispensable para conocer a Jesús y vivir la vida contando con Dios.
  • Acompañar es ejercicio de inclusión, como no puede ser de otra manera entre aquellos que se saben hijos en el Hijo y hermanos/as en la gran familia humana.

 El por qué y para qué del Acompañamiento

  • Porque la buena relación es indispensable para crecer, vivir y convivir en inclusión y como gran familia presidida por Dios- Presencia misteriosa que siempre acompaña (Mt 28, 20)

“Ser en relación” es elemento configurador de lo humano. “Somos desde los otros”. Y es, precisamente, desde la relación con los otros, desde donde aprendemos o no, a reconocer, y reconfigurar los límites propios y ajenos. Los otros son indispensables en este proceso.

El respeto a la dignidad humana y la inclusión piden vivir y convivir siendo buena compañía los unos para los otros.  En nuestros contextos crecen cada vez más –con descaro o sutileza- las actitudes excluyentes.

 

  • Porque cuando contamos con el Espíritu todo puede redimensionarse en la vida (Rom 8,14-17). El posibilita una nueva manera de mirar, pensar, actuar.

El Acompañamiento es Espiritual cuando reconocemos al Espíritu como verdadero Acompañante.  Desarrollar ese espacio es crecer hasta la plenitud (cf: Ef 4, 14-16). La presencia del Espíritu en nosotros/as va configurando:

Un nuevo modo de mirar. Cuando confesamos que el Espíritu habita cada corazón y en el corazón de la realidad, todo se nos aparece con más respeto.

Un nuevo modo de pensar. Unos a otros podemos reconocernos como “compañeros/as” equiparables (aunque diferentes) por la común dignidad que nos vincula en la Familia humana y en la Familia de fe.

Una nueva manera de actuar. Cuando vivimos en modo acompañamiento, salimos al encuentro y nos “descalzamos” con actitud de respeto ante la tierra sagrada de los otros/as al compartir lo que late de alegrías y sufrimientos en el cotidiano vivir.

  • Porque “en el ámbito del servicio a la misión evangelizadora los discípulos misioneros acompañan a los discípulos misioneros” (EG. 173)

Ejercer de hijos/as en el Hijo y hermanos/as entre nosotros/as es el distintivo de una fe confesante que se compromete con la vida, abiertos a la comunicación con todos los hombres y mujeres de la gran familia universal profesen la religión que profesen. Todo esto lo vivimos en el mutuo acompañamiento cuando salimos al encuentro y nos dejamos encontrar, ofreciéndonos el testimonio de nuestras búsquedas, alegrías y dificultades.

 

 ¿Para qué el acompañamiento espiritual hoy?

“Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe llevar más y más a Dios, en quien podemos alcanzar la verdadera libertad. Algunos se creen más libres cuando caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde retornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se convierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte. El acompañamiento sería contraproducente si se convirtiera en una especia de terapia que fomente este encierro de las personas en su inmanencia y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre” (EG, 170)

Esta finalidad se concreta en otras que resultan profundamente útiles y necesarias en los ámbitos concretos en los que cada uno nos movemos. Resaltamos tres objetivos del acompañamiento espiritual.

  • Para llegar al crecimiento (1Tes 5,23)

La carta a Tesalonicenses recoge todo lo que nos configura como humanos. En ella, se nos invita a vivir como corresponde a auténticos creyentes en todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo.

Paolo Freire nos recordaba, hace años, el impulso a crecer del que estamos dotados los humanos. La práctica asidua del acompañamiento es una mediación inigualable para detectar hacia donde se orienta esa energía nuestra, cuáles son los derroteros que tomamos ante las diversas situaciones de la vida.

Acompañar en el crecimiento significa, entre otras cosas, que las personas desarrollen en lo posible, cuanto se les ha dado, que tomen decisiones lúcidas acordes con la vocación de cada uno y que las vivan con constancia y continua actitud de superación, aún en medio de las dificultades que la vida presenta.

  • Para anunciar a Jesús como Juan Bautista (Jn1)

 “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre (y a toda mujer). Vino a los suyos. A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les da poder para ser hijos de Dios” (1,9. 11a-12).

En la contemplación de este mensaje aprende Juan el arte de acompañar, lo que se le pide es dar a conocer a Jesús, Palabra revelada del Padre que, en su encarnación y acercamiento nos comunica su amor apasionado. Este objetivo está en la entraña del acompañamiento.

  • Para alentar la V/vida (Jn 10,10)

La vocación de Jesús fue ésta. “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor (…) Hoy se ha cumplido el pasaje de la escritura que acabáis de escuchar” (Lc 4, 18-21).

Alentar la vida se concreta en el esfuerzo sostenido por mediar con otros para gestionar sus necesidades todas, y afrontar las dificultades y crisis que se presentan en la vida.

  1. Qué es y qué no es el Acompañar

Comenzamos por clarificar lo que no es acompañamiento y algunas reflexiones previas

Acompañamiento no es sinónimo de confesión, ni terapia psicológica; no es una relación de “colegas” o un diálogo de amistad. Tampoco una relación entre alguien que sabe (desde arriba) y alguien que no sabe (desde abajo). El acompañamiento espiritual tiene su propia identidad.

La valoración del acompañamiento la asociamos a la necesidad actual de recuperar la dimensión perdida de la profundidad. La mediación nos ayuda a reavivar las raíces de la existencia, personalizar la vida y la fe.

El acompañamiento no se reduce al diálogo personal. En el acompañamiento espiritual en la vida cotidiana tratamos de: mostrar y descubrir a Dios presente en cada persona y en toda situación (la teología y la espiritualidad nos ayudan a ello), ayudar a crecer (las ciencias humanas nos iluminan en la tarea), tener siempre en cuenta las culturas y los contextos (entender esto es una clave indispensable), lo realizamos en comunidad y desde la comunidad con el Espíritu, verdadero acompañamiento (porque en la pastoral de acompañamiento nos complementamos unos con otros).

La pastoral de acompañamiento es un verdadero ministerio en la Iglesia. No basta sólo con la legitimación teórica, aunque sea muy importante, en la práctica hace falta que se vaya haciendo viable con una formación cada vez más rigurosa, de manera tal que la incorporación de laicos (religiosos y seglares, varones y mujeres) en el ministerio del acompañamiento visibilice de forma real el reconocimiento de este ministerio, y contribuya a una influencia efectiva en el seno mismo de la Iglesia.

  • La ineludible referencia al Acompañamiento en la Tradición cristiana y la propuesta de la Iglesia en los comienzos del siglo XXI.

El acompañamiento espiritual es uno de los tesoros más preciados de nuestra Tradición cristiana. Aparece con el Monaquismo de Oriente y de Occidente. San Benito, San Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús… Tantos fundadores de instituciones y comunidades, marcados de una u otra manera por la inquietud del acompañamiento., hasta nuestros días.

En la segunda mitad del siglo XX, la dirección espiritual se fue deteriorando y llegó a vivirse como una obligación no comprendida ni asumida.  Fue el Concilio Vaticano II quien nos animó a reavivar su práctica y discernir los signos de los tiempos. Hoy, parece que va prendiendo esto que hoy llamamos acompañamiento espiritual.

¿Es posible imaginar conversaciones espirituales al margen de la vida, al margen del seguimiento de Jesús? ¿Cómo salir al encuentro desde nuestras comunidades eclesiales, desde las parroquias y movimientos, cómo hacernos Iglesia en salida, tal y como nos pide hoy el Papa Francisco? ¿Cómo darle a nuestro caminar el ritmo de la projimidad? Ahí están los retos para acompañar hoy:

 

  • La entraña del Acompañamiento Espiritual

En nuestro equipo Ruaj definimos el acompañamiento como ‘encuentros de mediación entre compañeros/as para acoger la Vida, acompañando la vida.

Acoger la Vida, como la finalidad última del acompañamiento en la vida cotidiana: Descubrir la manifestación de Dios, buscar a Dios hasta encontrarlo. «Porque he venido para que tengan vida, y vida en abundancia» (Jn 10,10).

Acompañando la vida. Porque es en la vida toda, en los diversos contextos, en las distintas culturas, en cada situación, ahí es donde Dios se revela.

Acompañar la vida configura un estilo de vivir. Encontramos la entraña del acompañamiento espiritual en el Acoger la Vida, teniendo en cuenta que en el acompañamiento siempre somos tres. El Espíritu es el verdadero acompañante. Acompañamos atendiendo a todo lo que acontece en la vida, todo lo que nos configura como humanos: cuerpo, mente y espíritu, y haciéndolo con discernimiento, teniendo en cuenta la dinámica de proceso.

  1. Qué hacer para Acompañar Espiritualmente en la vida cotidiana
  • Ser Mediadores y Testigos

Mediar para ponerlos en contacto con Él y, luego, aprender a retirarse, ocupar el lugar que nos corresponde, ni más ni menos. En esta comunicación -de tú a tú- con Aquel que es Luz y es vida, se nos abren los ojos, crecemos en consciencia, detectamos el arder del corazón. El encuentro con Él nos constituye en testigos capaces de anunciar.

Con la mediación contribuimos a hacer posible la toma de conciencia de cómo va realizándose la acción de Dios en el acompañado. Porque el acompañamiento es una dinámica procesual e integral no se hace en un solo encuentro, se realiza a lo largo de un camino, desde el punto donde el acompañado está.

  • Generar vínculos fraternos

La vinculación es la experiencia de hacerse compañero/a con el otro en todo el itinerario, pero de forma específica en los momentos en que se hace más duro por causas diversas. No podemos confundir la vinculación con la relación afectiva dependiente.

Vinculación significa establecimiento de límites, relación clara y diferenciada en la que ninguna de las dos partes -acompañante y acompañado- viven con la expectativa de que el otro va a cubrir necesidades suyas encubiertas. La vinculación normal y sana no propicia la lógica de la manipulación, incluso inconsciente.

Vincularse es comprometerse. La vinculación ayuda a forjar la voluntad, fortalece la autonomía, enseña la interdependencia, descubre la mística de acompañamos unos a otros, como un rasgo propio de los discípulos de Jesús.

  • Clarificar y Discernir

«La experiencia de decirnos a nosotros mismos, conocernos y nombrarnos, exige la dinámica del encuentro y la presencia de un interlocutor-mediador que no ‘nos configura a su medida’, sino que nos ‘presta su presencia y su palabra’ para llegar a pronunciar la verdad interior que nos hace libres y nos conecta con nuestro centro vital «.

Clarificar tiene mucho que ver con el «ayudar a nacer», poner palabra y dejar que la palabra -con minúscula y mayúscula- sea pronunciada y escuchada. Al clarificar se ensambla de forma armónica la objetividad con la subjetividad. Nuestra verdad más honda aflora con serenidad reconciliada; cada vez serán menos las interferencias para abrimos a la verdad de Dios que se expresa en Jesús y su Evangelio.

Discernir tiene mucho que ver con clarificar, pero va mucho más allá. Se asocia con la función sapiencial, es tarea abiertamente espiritual y teologal. La función de discernir se nutre de la sabiduría suplicada, de mirar y escuchar a Jesús para empaparse de su forma de hacer y decir. Se aprende con la formación y la experiencia. Solo la experiencia nos hace expertos por pura gracia, expertos desde la experiencia, con y por experiencia.

Así se forja un acompañante. Así se va aprendiendo a vivir con cierta sabiduría. Porque no es tópico sino verdad honda que cada persona es un misterio y su historia única.

  1. Aplicaciones a los itinerarios:

Cuando pensamos en las diez líneas concretas que se han configurado en el Congreso en relación al acompañamiento, la pregunta que nos hacemos es qué tener en cuenta en cada situación. Hemos hecho una agrupación sabiendo que las concreciones se harán en los trabajos en grupo de cada línea del itinerario.

  • Acompañar no abandonar es la clave ante las situaciones de sufrimiento, soledad, precariedad y vulnerabilidad, diversidad funcional, en relación a las líneas 5, 6, 7.

Esta es la clave fundamental, que siempre hemos de tener en cuenta y, sin embargo, nos parece muy necesario subrayarlo para estas situaciones. Cuando la vida nos pone ante la precariedad, soledad, sufrimiento, esa realidad nos espanta. Como si se hiciera verdad aquello del cuarto cántico del siervo “No hay en él parecer ni hermosura que atraiga las miradas”, no solamente nos espanta, sino que nos estremece, repele, altera nuestras emociones y sentimientos, y desde ahí muchas veces, nos descontrolamos.

La clave para acompañar y no abandonar en estas situaciones es hacer con otros, tender la mano y contar con, no hacer por. Esto pide convertir nuestras actitudes. Nos pide despojo, aprender una gestión de emociones que no se improvisa, una mirada capaz de atravesar las dificultades, la precariedad, la soledad. Requiere descubrir las en la otra persona sus capacidades y su dignidad; activar proyectos que permiten un acompañamiento directo dando la mano, ofreciendo objetivos para la vida. Y nos pide, además, un acompañamiento indirecto: actuar en los contextos, concientizar, poner en marcha medios para ese trabajo.

  • Apoyar y alentar el crecimiento, clave fundamental para el acompañamiento a las familias, a los jóvenes y en la escuela, en relación a las líneas 2, 3, 4.

 Hacen falta en estos contextos, actitudes que se conviertan en buenas prácticas. No actitudes éticas ni morales, llenas de “deberías de”, deseos, sino actitudes que se transmiten en prácticas, como acercarse con empatía, validar, apoyar a los otros estando a su lado, caminando con ellos, sin invadir, maltratar ni abusar; respetando profundamente los límites, apoyando la configuración de los mismos, tomando absolutamente en serio, la libertad. Para ello, hace falta crear espacios seguros y poner en marcha procesos.

Hace falta favorecer procesos en los que aquellos a quienes acompañamos en el crecimiento, encuentren en nuestra mediación, lo que hemos llamado pan, palabra y proyecto. El pan como respuesta a sus necesidades básicas; la palabra como capacidad de simbolizar, enseñar a pensar y tomar decisiones; y, por último, el proyecto, que es la oferta de sentido, de propuestas para desplegarse.

 La clave del proceso es estar ahí en las encrucijadas, en el momento de las elecciones, y proponer la superación y el crecimiento para la alteridad con ofertas solidarias y de voluntariado, por ejemplo.

 

  • Ser sal y luz clave en relación a las líneas 1.8.9 Acompañamiento en la iniciación cristiana, discernimiento vocacional e increencia.

Cuando nos planteamos qué concreciones tiene el acompañamiento para estas líneas, recordamos la cita de Mateo, 13-16, ser sal y luz, que tanta fuerza tiene para todos: laicos seglares y laicos religiosos.

Como dice Martin Velasco[2] en su artículo, el texto del evangelio no dice “debéis ser, tenéis que” ser sal y luz, sino que nos dice “sois sal y luz”. Sabemos que, por la fuerza de la llamada, por la atracción de Jesucristo, por la presencia del espíritu, es esa convicción la que nos da el poder ser mediadores y testigos, porque somos sal, porque somos, se nos ha configurado, como luz.

Cómo hacer para no perder el sabor y no poner la luz debajo del celemín. La respuesta es muy clara y así nos dice Francisco: los discípulos misioneros acompañan a los discípulos misioneros. Vivir en clave de misión es la propuesta: dar testimonio para no contribuir a la indiferencia, ser luz para todos, teniendo en cuenta el sentido de universalidad y, por lo tanto, sin olvidar el sentido evangélico de la inclusión.

Se nos invita a ofrecer el acompañamiento personal y comunitario; formar comunidades cristianas que acogen y acompañan, que tienen como prioridad atender a los últimos, y que practican entre ellos el ser buenas compañías unos a otros. Y esto, se activa por contagio. Se nota porque tenemos alegría, convicción, serenidad, aun en medio de las situaciones estresantes en que nos podemos ver envueltos.

Acompañamos con el espíritu en comunidad y viviendo como comunidades conscientes, de que somos minorías, pero que también somos sal y luz, alentando en la creatividad y significatividad.

 

  • Formarse en el arte, ciencia y pedagogía del A.E. L 10 Acompañamiento de los acompañantes.

La formación para el acompañamiento, requiere muchas horas de ensayo, como dice Fromm en el Arte de Amar. Es verdaderamente un arte. El Acompañamiento es ciencia, don de ciencia, porque supone adentrarse en los misterios de Dios, adentrarse en el conocimiento de Dios. Y es pedagogía también. Este tipo de formación no se improvisa.

Desaprender y resignificar: repensar el Acompañamiento mismo, en los contextos en los que hoy, requiere revisar lo que supone vivirlo en cada ámbito, en relación a cada línea de las que hemos marcado en el Congreso. Así se comprende que El Acompañamiento no es solo entrevista, sino un modo de ser en relación.

Significa estudio, reflexión, oración y hacer experiencia. Esos procesos de aprendizaje incluyen la supervisión o formación permanente. Y todo ello, desde una perspectiva integral, que tiene en cuenta lo antropológico, la totalidad que nos constituye; que hace referencia a la teología espiritual, teología fundamental, a la Palabra revelada, las ciencias humanas y, por lo tanto, tiene muy en cuenta la comprensión de los contextos y culturas. Nuestro enfoque requiere repensar siempre y cada vez, el modo de acompañar con discernimiento.

  1. Conclusión:

La recuperación del acompañamiento espiritual es indispensable hoy no solamente para los creyentes que buscamos vivir la vida a la luz de la fe, sino también para el conjunto de la Iglesia y de nuestro mundo. Recuperar el acompañamiento es recuperar, en parte, la entraña de vivir, de ser cristiano. Se compendia en el amor a Dios y al prójimo, o dicho con nuestras palabras en ejercer de hijos y de hermanos en todas las relaciones de cada día.  De ahí lo que sostenemos desde el principio que el Acompañamiento es un modo de evangelización privilegiado hoy. “Los discípulos misioneros acompañan a los discípulos misioneros” EG173.

            [1] Gran parte del contenido de este texto está recogido ya en las publicaciones ofrecidas desde el Equipo Ruaj por Lola Arrieta y Marisa Moresco, como base de la reflexión aplicada para nuestra aportación al Congreso. [2] Juan Martin Velasco “Ser sal y luz” (2012) Sal Terrae 100, 295-308.
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